23 de junio 2008 - 00:00

Evo, en campaña para el revocatorio

La Paz (AFP, EFE, DPA) - El presidente Evo Morales arrancó su campaña política para un referendo el 10 de agosto en que los bolivianos decidirán si se va o se queda en el poder, en medio de una irreconciliable divergencia con cuatro de las nueve regiones del país, que impulsan gobiernos autónomos.

«Estamos conscientes de nuestro trabajo y por eso nos sometemos a la decisión del pueblo para que nos ratifique su confianza. Si no lo hace, nos iremos a nuestras casas», aseveró el mandatario, al lanzar su campaña el sábado en la ciudad de Cochabamba (centro), ante una nutrida concentración pública de sus adherentes.

Morales, que llegó al gobierno con una histórica votación de 53,7% de los votos en diciembre de 2005 y que le permitió acceder directamente a la presidencia en enero del año siguiente, cumple 29 meses de gestión con fuertes políticas estatistas e indígenas, resistidas por las fuerzas moderadas y de derecha del país.

En mayo de 2006, nacionalizó las reservas de gas natural, las segundas de la región, detrás de Venezuela; un año después nacionalizó tres firmas petroleras y una de telecomunicaciones, y pretende revertir tierras improductivas en manos de ricos latifundistas, principalmente en Santa Cruz, el feudo de la oposición.

«Aquí están en debate dos programas: este proceso de cambio frente al neoliberalismo», dijo Morales, quien fue un agricultor pobre, luego músico trompetista y vendedor de helados, hasta convertirse en dirigente de los aguerridos cultivadores de coca, diputado y, finalmente, presidente.

«Que el pueblo nos diga con su voto quién sirve», dijo el mandatario, idolatrado por campesinos, aborígenes y vecinos pobres, principalmente en regiones andinas y en los barrios más desfavorecidos de toda Bolivia.

  • Enemigos

    El primer presidente indígena del país, desde que se fundara en 1825, reivindicó en el inicio de su campaña su política de gobierno y reforzó su artillería verbal contra lo que llamó «los enemigos históricos de la patria»: el gobierno de Estados Unidos y la «oligarquía criolla liberal».

    Acusó a ambos de dirigir una « conspiración» contra su gobierno que se manifiesta -según dijo- en una disparada inflacionaria que entre enero y mayo casi consumió la meta anual de 8%, acompañada con una carestía de alimentos que obligaron al gobierno a prohibir temporalmente la exportación de aceite comestibley carnes de vaca y pollo. Al referirse a Estados Unidos, Morales pidió a sus correligionarios repetir el grito de guerra en idioma quechua de los campesinos cocaleros, quienes por años se resistieron a las políticas de erradicación, financiadas por Washington: «¡Causachun coca, wañuchun yanquis! (viva la coca, abajo los yanquis)».

    El 10 de agosto, Morales pondrá su cargo a disposición del electorado boliviano, al igual que el vicepresidente y los nueve prefectos (gobernadores), seis de ellos duros opositores, que pretenden armar una tenaza regional contra el mandatario para obligarlo a reconocer el modelo de gobierno federal que difunden.

    Santa Cruz, Beni y Pando aprobaron entre mayo y principios de este mes en sendos referendos populares los estatutos que regularán sus gobiernos autónomos. Tarija hizo lo propio ayer, y los prefectos de La Paz y Cochabamba ven con simpatía esos nuevos modelos de gestión pública.

    Sin embargo, nadie cree que las venideras consultas revocatorias solucionarán la crisis política en Bolivia, surgida por dos visiones irreconciliables de país: la nueva Constitución que avala el oficialismo, con fuerte condimento estatista e indigenista, y los gobiernos autónomos de tinte liberal.
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