Evo, en campaña para el revocatorio
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El primer presidente indígena del país, desde que se fundara en 1825, reivindicó en el inicio de su campaña su política de gobierno y reforzó su artillería verbal contra lo que llamó «los enemigos históricos de la patria»: el gobierno de Estados Unidos y la «oligarquía criolla liberal».
Acusó a ambos de dirigir una « conspiración» contra su gobierno que se manifiesta -según dijo- en una disparada inflacionaria que entre enero y mayo casi consumió la meta anual de 8%, acompañada con una carestía de alimentos que obligaron al gobierno a prohibir temporalmente la exportación de aceite comestibley carnes de vaca y pollo. Al referirse a Estados Unidos, Morales pidió a sus correligionarios repetir el grito de guerra en idioma quechua de los campesinos cocaleros, quienes por años se resistieron a las políticas de erradicación, financiadas por Washington: «¡Causachun coca, wañuchun yanquis! (viva la coca, abajo los yanquis)».
El 10 de agosto, Morales pondrá su cargo a disposición del electorado boliviano, al igual que el vicepresidente y los nueve prefectos (gobernadores), seis de ellos duros opositores, que pretenden armar una tenaza regional contra el mandatario para obligarlo a reconocer el modelo de gobierno federal que difunden.
Santa Cruz, Beni y Pando aprobaron entre mayo y principios de este mes en sendos referendos populares los estatutos que regularán sus gobiernos autónomos. Tarija hizo lo propio ayer, y los prefectos de La Paz y Cochabamba ven con simpatía esos nuevos modelos de gestión pública.
Sin embargo, nadie cree que las venideras consultas revocatorias solucionarán la crisis política en Bolivia, surgida por dos visiones irreconciliables de país: la nueva Constitución que avala el oficialismo, con fuerte condimento estatista e indigenista, y los gobiernos autónomos de tinte liberal.


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