25 de noviembre 2005 - 00:00

Falla ética terminó con el "doctor clon"

Seúl (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El primer científico en clonar embriones humanos, el surcoreano Hwang Woo-suk, dimitió ayer como director del Centro Mundial de Células Madre, tras admitir que utilizó para sus experimentos óvulos de dos colaboradoras de su equipo, algo considerado violatorio de normas éticas.

El escándalo derribó de su pedestal en la comunidad científica internacional al profesor Hwang, quien se convirtió en un héroe en Corea del Sur cuando en febrero de 2004 anunció que había logrado clonar treinta embriones a partir de 242 óvulos procedentes de 16 mujeres.

Estas polémicas investigaciones colocaron al experto a la vanguardia de los estudios genéticos humanos que utilizan los descubrimientos sobre células madre para tratar enfermedades incurables, como el Parkinson y la diabetes.

«Siento mucho tener que reconocer algo tan vergonzoso y horrible», dijo el científico -visiblemente afectado- en una conferencia en la Universidad Nacional de Seúl.

El profesor Woo-suk anunció, además, la dimisión a sus cargos públicos -da clases en la Universidad de Seúl y es director del Primer Centro Mundial de Células Madre, puesto en marcha el mes pasado en la capital surcoreana- «para compensar a la gente» por su falta de ética en este caso.

Woo-suk, de 53 años, fue acusado por el profesor estadounidense Gerald Shatten, de la Universidad de Pittsburgh, su ex colaborador, de haber utilizado óvulos donados por dos investigadoras de su grupo.

• Contra su consejo

No obstante, Hwang dijo que las dos investigadoras donaron sus óvulos contra su consejo y que sólo supo de que lo habían hecho tras leer un artículo en el que una de ellas lo reconocía en la revista «Nature», en mayo de 2004.

Según las normas generalmente seguidas por los científicos en todo el mundo
no debe utilizarse material biológico de colaboradores con los que exista una relación jerárquica, con el fin de evitar sospechas de explotación.

Tanto el Comité de Etica de la Universidad Nacional de Seúl como el Ministerio de Salud y Bienestar surcoreano, aunque lamentaron el suceso, no vieron problema legal o moral alguno en la actuación de Hwang y sus colegas.

Sin embargo,
este escándalo se unió al surgido el lunes pasado, cuando Roh Sung-il, administrador del Hospital MizMedi de Seúl, admitió haber entregado -sin permiso de Hwang- 1.450 dólares a cada una de las 16 mujeres particulares que donaron sus células para los experimentos genéticos.

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