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Sin embargo, para el ex presidente Frei, que días atrás ya obtuvo el respaldo de la coalición izquierdista Juntos Podemos, convencer a la mayoría de los votantes de Enríquez-Ominami se ha convertido en una cuestión vital.
En medio del clamor de sus adherentes para que "enviara una señal clara" a los votantes de Enríquez-Ominami, el pasado martes Frei responsabilizó del mal resultado obtenido en la primera vuelta a los dirigentes de los partidos de la Concertación.
"Si la Concertación ha obtenido menos votos no es porque la gente prefiera otra alternativa, sino porque está molesta con las prácticas políticas", afirmó Frei, quien aseguró que, si gana, gobernará con autonomía de los partidos que lo apoyan.
La respuesta no se hizo esperar y al día siguiente el presidente del Partido Radical Socialdemócrata (PRSD), José Antonio Gómez, y el del Partido por la Democracia (PPD), José Auth, presentaron su renuncia.
Pero la ola de dimisiones se detuvo a las puertas de las dos fuerzas mayoritarias de la Concertación, el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, cuyos dirigentes manifestaron que aguantarán en sus cargos hasta que se celebren las elecciones y después se someterán a la decisión de los militantes.
Las renuncias fueron entendidas en los círculos políticos como el cumplimiento de una de las exigencias planteadas por el ya ex candidato presidencial independiente para un eventual acercamiento a la candidatura de Frei.
Pero algunos politólogos, como Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, consideran que fue una equivocación "confundir las demandas del electorado con las condiciones impuestas por Enríquez-Ominami".
"No fue un esfuerzo por poner al día la narrativa o la oferta electoral. Tampoco fue un intento por atraer a ese 7 u 8 por ciento que definirá la elección. Menos, la tentativa de construir un nuevo bloque político", escribió hoy Peña en El Mercurio.
Y mientras en el comando electoral de Frei, que ahora tiene como jefa a la hasta hace unos días ministra portavoz de Bachelet, Carolina Tohá, se apuran para aprovechar los días que faltan, Piñera mantiene a los mismos colaboradores que le dieron el triunfo hace tres semanas.
Pero uno y otro candidatos se afanan por sumar a sus respectivas campañas personalidades destacadas del mundo de los negocios, la política y la cultura.
Este fin de semana dos afamados escritores chilenos: Isabel Allende y Jorge Edwards hicieron públicas sus adhesiones al candidato de la Concertación y al de la Coalición por el Cambio, respectivamente.
"Chile, desde afuera, se ve como un ejemplo de estabilidad política, social y económica, como un país envidiable", manifestó la autora de "La Casa de los Espíritus", quien considera fantástico" el trabajo realizado en los últimos 20 años por la coalición gobernante.
Todo lo contrario de lo que opina el escritor Jorge Edwards, quien este domingo dijo estar cansado "del monopolio" del poder por parte de la Concertación.
Pese a reconocer que "ha hecho cosas muy buenas", el ganador del premio Cervantes 1999 manifestó que pensar que sólo la coalición de centroizquierda puede gobernar Chile "significa que lo que se hizo en estos años no sirvió de nada".
Candidatos, analistas y electores están convencidos de que cada apoyo resulta muy valioso para definir una votación que, por lo apretado e incierto de los pronósticos, ya ha sido bautizada por la prensa como "match point" ("punto de partido" en el argot tenístico).



