Un nuevo capítulo de la puja entre derechos individuales y la seguridad pública se saldó ayer en Gran Bretaña. La Cámara de los Comunes aprobó ayer que los ciudadanos del Reino Unido tengan un documento de identidad, algo habitual en la mayoría de los países del mundo, pero abolido en la isla hace más de 50 años. La intención de Tony Blair es que desde 2008, las personas que se saquen un pasaporte tengan también que adquirir un documento de identidad, cuyos detalles se registrarán en una base nacional de datos, como una herramienta más para combatir el terrorismo. Los nuevos DNI, que deberán sacarselos mayores de 16 años y los extranjeros que residan más de tres meses en el país, tendrán un microchip con datos biométricos, como las características del iris o huellas dactilares, una fotografía, además de la información básica.
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Los defensores de los derechos civiles se opusieron con dureza: «No soy un número» y «No necesito una licencia para vivir» eran algunos de los eslóganes que portaban los manifestantes de la organización No a los DNI.
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