15 de julio 2003 - 00:00

Guatemala: Autorizan candidatura de Ríos Montt

Un fallo emitido ayer por la Corte de Constitucionalidad, el máximo tribunal constitucional de Guatemala, allanó el camino en la lucha por la presidencia al general retirado Efraín Ríos Montt, ex jefe de un gobierno de facto y sindicado por el delito de "genocidio" ante la Justicia española.

Ríos Montt, de 77 años y líder máximo del partido oficial, el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), es actualmente el presidente inamovible del órgano legislativo, cargo que representó una especie de premio consuelo después que las autoridades le denegaran su inscripción como candidato presidencial en los procesos electorales de 1990 y 1995.

Hoy, al final de su tercera batalla jurídica desde 1990, el controvertido personaje consiguió revertir las dos derrotas anteriores y también las resoluciones en su contra que en las últimas semanas emitió el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, las dos instancias que debieron resolver previamente.

Una prohibición contenida en la Constitución, vigente desde 1985, para que jefes de un golpe de Estado o quienes hubiesen ejercido la jefatura de gobierno como resultado de una ruptura constitucional accedieran a la presidencia, inhabilitaba su candidatura, según lo interpretaron los órganos electorales y jurídicos en 1990 y 1995.

Ríos Montt ejerció la jefatura del gobierno a partir de marzo de 1982 cuando un golpe militar derrocó al régimen del también general Romeo Lucas.

Posteriormente, en agosto de 1983, el propio Ríos Montt fue víctima de otra asonada castrense que terminó con su mandato.

Durante ese período, el jefe militar se caracterizó por encabezar una cruzada moralista inspirada en la fe evangélica que todos los domingos lo mostró como un peculiar orador a través de la cadena nacional de radio y televisión. Además, exhibió un carácter inflexible.

Ni los llamados del papa Juan Pablo II, quien en 1983 visitó por primera vez Guatemala, hicieron que, a pocas horas de su arribo, el jefe de Estado accediera a los pedidos de clemencia a favor de presuntos delincuentes a quienes Tribunales de Fuero Especial habían condenado a ser fusilados.

Durante su mandato, un total de 15 personas fueron fusiladas.

Esto le valió una censura general a escala internacional, pero a la vez le forjó una imagen de líder de "mano dura" que hizo crecer su popularidad en los años 90 entre un electorado que anhelaba garantía de paz y seguridad ante el flagelo de la delincuencia y criminalidad.

Su popularidad se tradujo en el primer lugar que le asignaron todas las encuestas de intenciones de voto en los procesos de 1990 y 1995, pese a lo cual no fue inscrito.

Por ello, en los comicios de 1999 el hoy partido oficial optó por cambiar de estrategia e impulsó la candidatura presidencial del ex democratacristiano Alfonso Portillo, quien obtuvo un triunfo arrollador.

En este tercer intento, Ríos Montt consiguió el fallo que habilita su candidatura, aunque ahora su popularidad no es la misma por los frecuentes escándalos de corrupción que han caracterizado la administración de Portillo.

Adicionalmente, el viejo caudillo tendrá frente a sí la antipatía expresa de la Casa Blanca.

Portavoces del Departamento de Estado han declarado sin reservas que para el gobierno norteamericano resultará incómodo cooperar con un gobierno encabezado por Ríos Montt, por su pasado como presunto violador de derechos humanos.

No sólo Washington recrimina sus antecedentes. La premio Nobel de la Paz 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú, mantiene abierta una querella ante un tribunal de España apelando al principio de "justicia universal" contra Ríos Montt, Lucas y otros ex generales por el delito de "genocidio".

Tanto Menchú como organismos humanitarios sindican al virtual candidato presidencial de ser artífice de la política de "tierra arrasada" que impulsó el ejército durante los años 80 en un intento por derrotar a la guerrilla izquierdista.

Las acciones del ejército en el campo dejaron al menos 150.000 muertos, unos 100.000 desplazados internos y un número similar de refugiados en México.
 

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