Habló Natascha Kampusch
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Natascha Kampusch (imagen de la entrevista de la televisión austriaca.)
Dijo que en estos momentos confía en el equipo de psicólogos que la trata, pero "fundamentalmente en mi familia y en mí misma".
A la pregunta de lo que quiso decir en una carta leída por su psiquiatra a la prensa tres días después de su huida, al señalar que se sentía bien con las personas que la acompañaban pero "un poco bajo tutela, respondió: "Sí, precisamente quería comentarlo. Es realmente muy difícil. Todos quieren de alguna forma influir (sobre mí), tienen buena intención".
"Pero, por ejemplo, en las primeras noches querían hacer algo para que durmiera, no podían comprender por qué en la madrugada ya estoy despierta a las 4 de la mañana y no me voy a la cama antes de la una, pero les pude convencer de que yo ya voy a poder arreglarlo por cuenta propia, sin medicamentos para dormir", agregó.
Dijo que en los primeros momentos tenía "muchos deseos que quería satisfacer", pero una de las cosas primeras que hizo fue "salir a comer un helado de incógnito", con gafas de sol, pañuelo en la cabeza y acompañada por un médico, en una concurrida calle vienesa.
"No digo el nombre de la heladería porque no queremos hacer propaganda. Pero nadie me reconoció", dijo Kampusch riendo.
La joven dijo que disfrutó especialmente del viaje en metro hasta la heladería: "estuvo muy bien poder sonreír a todo el mundo sin que nadie me reconozca".
Sobre su futuro más inmediato dijo que desea terminar su formación escolar y tal vez estudiar luego en la universidad.
Asegura que actualmente tiene muchas cosas que hacer y que se encuentra "estresada".
Por otra parte, aseguró que se siente muy ofendida por las "cosas inciertas" que se han publicado sobre ella en los últimos días, pero sobre todo las fotos del calabozo en el que estuvo encerrada.
"Se trata de mi habitación, no es asunto de nadie", dijo Kampusch, quien precisó que durante los primeros seis meses de su secuestro no salió ni una sola vez de ese escondrijo.
"Después de ese medio año me dejó subir a la casa para lavarme", explicó Natascha y comentó que su captor era sumamente meticuloso y que controlaba todo, que sentía paranoia.
Contó que al principio "tiró botellas de agua y golpeó con sus puños contra las paredes del calabozo" y agregó que "lo peor fue la impotencia de no poder hacer nada".
A los dos años del secuestro aseguró que tuvo acceso a una radio para que pudiera escuchar las noticias, dijo.
Agregó que en las principales fiestas como Navidades, Semana Santa o cumpleaños su captor le hacía regalos.
"Muchos niños se pueden comprar cosas, yo no podía comprarme nada allí dentro", explicó.
"Creo que tenía muy mala conciencia", añadió la joven, cuyo secuestro ha conmocionado a la república alpina y al mundo entero.
Según informó la televisión poco antes de iniciarse la entrevista, la razón por la que Kampusch apenas mira a las cámaras y baja los párpados obedece a que sus ojos son muy sensibles a la luz, mientras que su voz aparece afectada por un resfriado.




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