Hillary y Obama, atrapados en un callejón sin salida
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Barack Obama
Obama, que hasta ahora ganó 30 de las 44 votaciones y suma más votos y más delegados, reclama que los superdelegados no deben revertir la decisión popular. Clinton argumenta que deben votar a quien en conciencia piensan que sería el mejor candidato, porque para eso se creó la figura de los superdelegados en 1982.
El otro gran punto de debate sin solución es qué hacer con los delegados de Michigan y Florida, un conflicto abierto desde agosto. Entonces el Partido Demócrata castigó a ambos estados sin delegados para la convención de Denver por adelantar sin permiso la fecha de sus primarias. Con una carrera tan ajustada, los más de 300 delegados que sumarían entre ambos son ahora una codiciada pieza de caza.
Clinton reclama que ambas citas sean válidas, Obama se niega, y el presidente del partido, Howard Dean, dijo que convendría repetir las votaciones. Nadie se pone tampoco de acuerdo sobre quién pagará los gastos de unas nuevas elecciones (unos seis millones de dólares en cada caso), ni cómo se harán. Incluso una votación sólo por correo o por Internet se encontraron entre las propuestas.
Al mismo tiempo, el discurso de ambos candidatos se agrió claramente. Clinton no felicita a Obama por sus victorias en una noche electoral desde el 5 de febrero. Son raros los días en que no hay algún partidario de cada uno que públicamente ataca al otro por la raza o el sexo. Una asistente de Obama tuvo que dimitir tras llamar «monstruo» a la ex primera dama. Las encuestas dicen que los votantes de uno cada vez son más reacios a votar por el otro en las elecciones del 4 de noviembre.
Tanto bloqueo no puede ser bueno, argumentan muchas voces dentro del partido, que reclaman que se zanjen las diferencias para no dar facilidades al rival.
«Tengo miedo, estamos entrando en territorio desconocido», afirmó a «The Wall Street Journal» Donna Brazile, que dirigió la campaña de Al Gore en 2000 y es ahora una superdelegada aún no comprometida.
Mientras tanto, los republicanos miran frotándose las manos desde la distancia.




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