Histórica polarización de preferencias electorales
-
Irán vuelve a cerrar el estrecho de Ormuz y acusa a EEUU de incumplir el acuerdo de tregua
-
Colombia se juega su futuro político en el balotaje presidencial: quiénes son los candidatos a suceder a Petro
José Serra
Un segundo factor a destacar es el efectoque pueden tener los escándalos y la mencionada polarización política en el próximo gobierno. Si continúa el fuego cruzado, la fragmentación del Congreso podría derivar en «una parálisis, donde el gobierno sólo atinará a administrar crisis determinadas por las denuncias de corrupción», añadió Abranches.
Sin la articulación de mayorías sólidas, el Congreso no podrá abocarse a las reformas que los mercados consideran impostergables para que Brasil se lance a un crecimiento económico vigoroso, a saber: la previsional, para reducir el creciente déficit de las cajas jubilatorias, peligroso a mediano y largo plazo; y la tributaria, para recortar una presión impositiva que ya alcanza a 39% del PBI y que ahoga la inversión privada.
Un tercer hecho destacado es el marcado fortalecimiento del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de Alckmin en los estados, algo clave para entrever las claves de la política que se viene en un país como Brasil, con estados y hasta municipios fuertes y una Unión relativamente débil. A falta de uno, el PSDB tendrá dos presidenciables muy fuertes en 2010, capaces de desafiar cualquier liderazgo. Los electos gobernadores de San Pablo, José Serra, y de Minas Gerais, Aécio Neves, protagonistas de una interna que vale la pena contar.
Con Serra, Alckmin y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el ala paulista domina ampliamente el PSDB a nivel nacional. El reto de Neves será en los próximos años proyectar a nivel nacional el impactante apoyo popular del que goza y su fama de buen administrador, lo que exigirá sacar de la conducción partidaria a los paulistas o, al menos, neutralizarlos.
Esto explica la llamativa distancia que Neves tomó de Alckmin durante toda la campaña, y la benevolencia con la que trató a Lula cuando los escándalos arreciaban. Algo que se evidenció en los 10 puntos de ventaja que el mandatario le sacó a su rival en el estado, una factura que los paulistas del PSDB le pasarán al caudillo local.
En la viscosa política brasileña los partidos no atraen demasiada lealtad. Una demostración de esto es que, ya sea por convencimiento, conveniencia o lisa y llana corrupción, 230 disputados cambiaron de partido en la era Lula, esto es casi la mitad de la Cámara baja de 513 miembros. Así las cosas, se especula aquí con que Neves podría dejar el PSBD si los paulistas le cierran el paso a la candidatura presidencial para 2010 e, incluso, que se convierta en el delfín de Lula. De hecho, ayer, ni bien se confirmó su triunfo Neves llamó a «acabar con las tensiones políticas» en el país.
¿Extraño? Puede ser, pero no imposible, el Partido de los Trabajadores atraviesa una grave crisis de credibilidad y no hay a la vista ningún candidato potable para las próximas elecciones presidenciales.



