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14 de febrero 2008 - 00:00

Hugo Chávez®, derechos de autor

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Caracas - Venezuela (-430 GMT) tiene dos horas treinta de diferencia horaria con la Argentina. El capricho de Hugo Chávez en atrasar los relojes en media hora hasta hoy no tuvo explicación científica, ¿cuál es la razón de los 30 minutos, y no 40, o 25 o lo que fuera? Es como declararle la guerra al meridiano de Greenwich. Tampoco tiene sentido hacerle cambiar el rumbo en el escudo nacional al caballo blanco de la insignia: tuvo que ser dibujado dos veces porque en una primera versión corcoveaba hacia la derecha. Ahora ya está dando coces hacia la izquierda, que es hacia donde tiene que ir en bloque todo, según Chávez. Segunda modificación del tiempo -esta vez el pasado-. En aras, claro, de la revolución bolivariana.

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Finalmente no resulta tan exótico que desde el palacio presidencial de Miraflores se haya ordenado investigar -ya está constituida la comisión oficial incluyendo a varios ministros- la muerte de Simón Bolívar. Se presume que el Libertador de la Gran Colombia podría haber sido asesinado por instigación de la aristocracia bogotana y el general Francisco de Paula Santander. ¿Acaso los franceses, siempre conspirativos, no siguen analizandola cabellera de Napoleón,tratando de encontrar las pruebas chauvinistas del cianuro británico de Santa Helena? (Nosotros también, en la Argentina, nos las traemos: todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre cuál fue el veneno que por goteo mató a Mariano Moreno en su destierro). En cuanto a Venezuela, hay que reconocer que siempre hubo dudas respecto a la legitimidad de los huesos de Bolívar. Eso sí: llama la atención que este revisionismo mortis se dé al mismo tiempo que las amenazas a la vecina Colombia. El pasado y el tiempo, conspiran contra el presente.

Que cada vez que el presidente vaya a dar un discurso por TV, haga descolgar los cuadros de Bolívar, para ubicarlos a la par de su figura y que así el ojo del televidente vea una amalgama de formas entre el prócer y Hugo Chávez, tampoco está mal. El presidente, intuitivamente, sabe desempeñarse en los medios y con esta acción está manejando el subliminal.

  • Letanía

  • Lo que ya es otro cantar es el programa «Aló Presidente». Durante un mínimo de cinco horas los domingos, el presidente Hugo Chávez vive para y por las cámaras, hablando y hablando en una letanía eterna que toma vida propia y busca, desde lo fantasioso, modificar la realidad. Invasiones al vecino, guerras biológicas, regalos millonarios en petróleo a cambio de un poco de canela o nuez moscada, amenazas de reinstalar un Vietnam...

    Mientras el tiempo corre, Hugo Chávez va desgranando lo real para meterse en lo maravilloso.

    Esta reformulación de lo cotidiano invade lo ficticio, y es lo que la literatura hispanoamericana dio en llamar «realismo mágico» (representada en Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y el guatemalteco Miguel Angel Asturias) o «lo real maravilloso» en el caso del cubano Alejo Carpentier. Si pudieran hacerlo, seguramente estos autores le estarían reclamando derechos de autor a Hugo Chávez, por reinterpretar en los maratónicos «Aló Presidente», en los cambios de huso horario y en el descuelgue de los cuadros, aquellos personajes caribeños, autocráticos y dictadores, como son los protagonistas de «La fiesta del Chivo», «El otoño del patriarca», «El señor presidente» y «Los pasos perdidos». A fin de cuentas, entre otras cosas, Hugo Chávez también ha logrado usurpar la imaginación.

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