21 de mayo 2003 - 00:00

Identifican por ADN víctima de Franco, después de 67 años

La guerra civil española también tuvo sus desaparecidos y ayer se conoció la primera identificación de una víctima del franquismo gracias a un estudio de ADN, un caso que conmueve a España y en el que fue clave el aporte de una pariente argentina.

El republicano Emilio Silva Faba había sido visto por última vez en 1936 en el pueblo de Priaranza del Bierzo, en la zona de Castilla y León. Mirta Silva, una maestra que trabaja en Ezpeleta, en el Gran Buenos Aires, es la única descendiente viva de Silva Faba por vía materna. El ADN mitocondrial sólo se transmite por vía materna, por lo que fue necesario una muestra de su saliva recogida por un amigo de la familia española para cotejarla con los restos óseos del ex integrante de Izquierda Republicana, asesinado por falangistas junto con otros 14 milicianos republicanos una noche de octubre de 1936. El estudio fue llevado a cabo por el Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, con una técnica en la que la Argentina fue pionera, que da 99% de confiabilidad.

El término desaparecido recién comenzó a relacionarse con el franquismo desde hace pocos años, cuando familiares de víctimas comenzaron a intentar identificar a sus antepasados. A partir de testimonios de testigos, todos ancianos, se pudo conocer con exactitud dónde están varias fosas comunes. Una práctica de los franquistas, vencedores de la cruenta Guerra Civil española, era llevar a los niños a que presenciaran los entierros colectivos, «para que vayan aprendiendo», según declaró el nieto de Silva Faba ayer a una radio de Buenos Aires.

Cuando fue asesinado, Emilio Silva Faba tenía 44 años, seis hijos, y había sido emigrante a la Argentina primero y luego a Nueva York. Como muchos de sus compatriotas, por no hacerse la América o para luchar en algún bando de la Guerra Civil, volvió a España a militar en Izquierda Republicana, el partido del ex presidente español republicano Manuel Azaña, según informó ayer el diario «El País».

• Secreto guardado

Una noche, los falangistas recogieron a 15 prisioneros, pero uno logró escapar y avisó a la familia de Silva Faba. Los otros 14 fueron enterrados en una banquina, cerca de Priaranza del Bierzo. La esposa, Modesta Santín, se guardó el secreto hasta su muerte, hace pocos años. «Pero todos en el pueblo sabían que allí había muchos muertos y no decían nada por miedo, aunque cueste creerlo después de tantos años de democracia», declaró Emilio Silva Faba (nieto) a radio «Mitre». El nieto se propuso hace pocos años recuperar el cuerpo de su abuelo y, para ello, contó con el testimonio de Francisco Cubero, un hombre de 85 años que había sido obligado a cavar la fosa y ayudó a identificarla. El test de ADN con su sobrina lejana confirmó la identidad del cadáver.

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