7 de noviembre 2007 - 00:00

Incluso chavistas contra la reforma

Caracas (AFP, EFE) - La reforma constitucional socialista de Hugo Chávez no convence al electorado venezolano, que debe definir su voto para el referendo del 2 de diciembre en una corta campaña con dos nuevos protagonistas: los estudiantes y un emblemático militar en ruptura con el presidente.

Se da una situación paradójica: Chávez recoge 62% de aprobación, pero sólo 34% declara que votaría por el Sí a la reforma, dijo un directivo de una encuestadora.

La reforma autoriza la reelección indefinida del presidente y la posibilidad de que el Estado suspenda el derecho a la información durante los estados de excepción. Asimismo, establece el manejo discrecional de las reservas por el presidente, cancela la autonomía del banco central, reduce a 6 horas la jornada laboral y consagra nuevas formas de propiedad, como la comunal, además de la privada.

  • Paralelismo

  • «Chávez diluye la mitad de su fuerza frente a la votación del referendo. La reforma no ha sido para nada atractiva. No ha logrado convencer a la masa, ni siquiera la chavista», declaró Luis Vicente León, directivo de la encuestadora Datanálisis. Indicó que quienes afirman que votarían por el No también son 34%.

    Esto «de ninguna manera significa que está empatado electoralmente. Cuando se pregunta si va a votar, sólo 46% manifiesta disposición a votar. De ese 46%, se voltea 60% por el Sí y 40% por el No», dijo León y precisó que 1.300 personas fueron interrogadas hasta el 23 de octubre en sus hogares con un margen de error de 2,7%.

    El presidente Chávez afirmó en el inicio de la campaña por el Sí el domingo pasado «que el principal escollo es la abstención» para lograr una «victoria contundente».

  • Rebeldía

    «La abstención no es sólo opositora, es del chavismo social que no gusta de la propuesta, pero no está dispuesto a votar contra Chávez», dijo León, quien define como «chavistas sociales» a los que «no son dirigentes y que, a pesar de que les gusta Chávez, no están dispuestos a hacer lo que le dé la gana».

    León dijo que ni la reducción de la jornada laboral a 6 horas ni la seguridad social para trabajadores informales «han logrado cambiar o revertir esa tendencia».

    Chávez definió una estrategia el domingo dirigida a convencer a este sector a votar por el Sí, movilizando a cientos de miles de militantes encuadrados en la incipiente estructura de corte militar del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en proceso de fundación con los seguidores de 18 grupos chavistas que se autodisolvieron.

    El presidente se reunió ayer en un gran estadio cerrado de Caracas con los batallones del PSUV que llevarán adelante la campaña por el Sí.

    La oposición, paralizada desde que Chávez anunció sus planes de reforma constitucional en diciembre pasado e incluso después de que presentara su proyecto el 15 de agosto ante la Asamblea Nacional, se encuentra dividida una vez más en torno a si votar por el No o abstenerse lisa y llanamente.

    El ex vicepresidente José Vicente Rangel, un veterano político y periodista, afirmó que «de nuevo, la oposición avanza, indetenible, hacia otro error de impredecibles consecuencias» y recordó su boicot de las legislativas de 2005 «con las consecuencias que aún lamenta, en vez de asumir una política democrática de construcción de una alternativa».

    En lugar de deslegitimar a Chávez como pretendía en 2005, la oposición quedó sin voz en el parlamento.

    En este escenario inciden el movimiento estudiantil universitario que protesta en las calles y pide la postergación del referendo, y un ex compañero de armas de Chávez, el general retirado Raúl Baduel, que el lunes denunció la reforma como un «golpe de Estado», pidió a los militares que reflexionen y llamó a votar por el No.

    Chávez intenta neutralizarlos acusándolos de querer llevar la violencia a las calles, aunque estudiantes y autoridades pactaron ayer evitar nuevos enfrentamientos.

    Calificó a los estudiantes de «hijitos de papá, ricachoncitos de cuna de oro» y amenazó con no otorgarles permiso para seguir manifestándose.
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