4 de noviembre 2004 - 00:00

Inquietud en el Air Force One

Washington (AFP, ASN, ANSA) - «¿Qué ocurre?», preguntó GeorgeW. Bush, algo nervioso, a bordo del Air Force One en la tarde del martes, cuando algunos de sus colaboradores comentaban datos con gestos de preocupación. Enseguida, el mentor de su campaña política, Karl Rove, lo tranquilizó y le dijo que estaba por recibir datos de encuestas a pie de urna.

Bush vivió la electrizante noche electoral del martes pasado en permanente contacto con Rove, la mano invisible y omnipresente de su gobierno a quien todos adjudican ser el cerebro de las campañas electorales del republicano. Rove mantuvo informado al presidente minuto a minuto, mostrando una confianza inquebrantable en las decisiones de campaña. Bush «estuvo en contacto con Karl toda la noche», confesó el vocero de la Casa Blanca Scott McClellan.

Rove instaló una batería de computadoras en una de las habitaciones de la Casa Blanca, a la que concurrió varias veces en busca de novedades a lo largo de la noche.

Ni siquiera en el momento más crítico, cuando las primeras encuestas de boca de urna pronosticaban una amplia derrota para Bush, Rove y la consejera política del presidente Karen Hughes perdieron la confianza. «Regresábamos aWashington en el Air Force One (el avión presidencial) cuando recibimos los primeros sondeos a boca de urna», señaló Hughes. «Karl Rove los conoció por teléfono, y el presidente miraba por encima de su hombro mientras éste los escribía. Me miró diciendo: 'Estoy sorprendido' y 'es lo que es'».

Sin embargo, Rove no tomó estas cifras al pie de la letra. Los primeros datos oficiales sobre una victoria en Florida cambiaron el humor de los republicanos.

Bush siguió en los últimos cinco meses de campaña el mapa electoral trazado por Rove, circunscripción por circunscripción, ciudad por ciudad. Los últimos condados todavía en juego en Ohio en la noche del martes y la madrugada de ayer eran precisamente aquellos en los que Rove había organizado visitas del presidente en las últimas semanas de la campaña. Pese a todo, queda en el debe del asesor republicano el estado de Pennsylvania, que volvió a darle la espalda a Bush y al que Rove había identificado como su objetivo central tras el virtual empate alcanzado con Al Gore en 2000.

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