Descubren en Pompeya una carroza ceremonial romana casi intacta

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Se trata de un vehículo de hierro, de cuatro ruedas y con capacidad para una o dos personas, casi único en su género.

En las ruinas de Pompeya, las excavaciones de la villa de Civita Giuliana no dejan de sorprender y ahora devuelven desde el pasado un extraordinario carruaje romano, pintado de rojo y cubierto con decoraciones de temática erótica, quizás destinado al culto de Ceres y Venus o más probablemente para una ceremonia de boda aristocrática.

El carruaje emerge elegante y ligero, asombroso por la complejidad y el refinamiento de las decoraciones de estaño y bronce, increíble en su integridad, con las huellas de los almohadones, de las cuerdas para sujetar las coronas de flores incluso las huellas de dos mazorcas de maíz dejadas en un asiento.

Para Italia, aseguró a la agencia de noticias ANSA Massimo Osanna, director saliente del Parque Arqueológico y responsable científico de la excavación, se trata de "un descubrimiento de gran importancia para el avance del conocimiento del mundo antiguo".

El ministro de Cultura, Dario Franceschini, también habló de un hallazgo de "gran valor científico".

Podría tratarse, explicó Osanna, de un Pilentum, es decir, lo que las fuentes antiguas describen como un carro para rituales, un vehículo utilizado sólo por la élite y siempre en contextos ceremoniales.

"Uno como éste, en Italia nunca se había visto antes", añadió dando enorme valor a semejante hallazgo. "La comparación solo se puede hacer con una serie de carros encontrados hace quince años en una tumba de Tracia, en el norte de Grecia, en la frontera con Bulgaria", dijo Osanna.

"Uno de estos carros tracios en particular, señaló, se parece mucho al nuestro, pero no está decorado".

El Pilentum, citado por Claudiano y otros, de hecho podría estar pintados de azul o en rojo, como en el caso del hallazgo pompeyano.

Reservado para clases más acomodadas, se usaban para cultos religiosos, pero eran un poco como un carro de alta representación.

El descubrimiento de estos días reabre, por tanto, el misterio sobre los propietarios de esta gran villa construida a las puertas de la antigua ciudad, que hoy se está sacando a la luz también para detener los estragos de los ladrones de tumbas, quienes en los últimos años cavaron túneles en los alrededores, saqueando y destruyendo.

Y que finalmente están siendo juzgados, aunque todavía suelto (la casa de uno de los acusados, se encuentra justo en el terreno en el que se está excavando), gracias a las investigaciones aún en curso de la Procura di Torre Annunziata, dirigida por Nunzio Fragliasso.

"Una villa muy grande y particularmente preciosa para investigaciones históricas, porque a diferencia de muchas otras que habían sido vaciadas por las renovaciones posteriores al terremoto del 62 d.C., en los días de la erupción todavía estaba habitada", recordó Osanna.

Se trata de la misma morada en la que, hace unos meses se encontraron los restos de dos hombres, tal vez un señor con su esclavo, que los arqueólogos del Parque reconstruyeron con la técnica de los moldes.

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Arqueólogos encontraron en Pompeya restos casi intactos de un carro ceremonial romano.

Arqueólogos encontraron en Pompeya restos casi intactos de un carro ceremonial romano.

Y ahí mismo, en un establo a pocos pasos del porche que albergaba la carreta, salieron a la luz en 2018 los restos de tres caballos, uno de los cuales suntuosamente engalanado, listo, al parecer, para partir.

Por lo tanto, el descubrimiento del carro aparece como una nueva pieza preciosa en el complicado rompecabezas de esta historia. Sobre todo porque ni siquiera era el único, porque en el juicio actual un testigo mencionó la presencia de otro carro también con ricas decoraciones, que lamentablemente terminó en manos de saqueadores y luego desapareció.

"Sobre la ceniza endurecida retirada de uno de los dos asientos encontramos huellas de mazorcas de maíz", reveló Osanna. Un detalle, según aclaró, "que podría hacernos pensar en culto de Ceres, quien en Pompeya fue honrado junto con Venus, y, por lo tanto, en la presencia en la villa de una sacerdotisa de estos cultos". Pero no sólo, porque más simplemente podría ser un deseo defertilidad.

"Las espigas en el asiento podrían ser un indicio de un matrimonio celebrado recientemente o que estaba listo para celebrarse".

El misterio de quiénes fueron los anfitriones, en resumen, permanece.

Aunque en apoyo de la segunda hipótesis, la de una boda próxima o recién celebrada, de alguna manera también parece impulsar la naturaleza decididamente erótica de las refinadas decoraciones de hojalata aplicadas sobre el soporte de bronce para adornar la parte trasera y los lados del carro: una serie de cupidos y de parejas de sátiros y ninfas envueltos en abrazos apasionados.

Serán las restauraciones, ya iniciadas en el laboratorio del Parque, y los estudios, los encargados de aclarar las dudas. Pero mientras tanto, concluyó Osanna, "dado que las fuentes antiguas aluden al uso del Pilentum por sacerdotisas y damas, no se descarta que pueda ser un carro utilizado para llevar a la novia al nuevo hogar".

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