15 de junio 2005 - 00:00

Izquierda, fuerte en la calle. ¿Y en urnas?

La imagen de una Bolivia hecha pedazostras el paso del «huracán» que supusieronlas protestas de las últimas semanas ilustróla edición de ayer del diario paceño«La Prensa», según la visión del humoristaJavier Menchaca.
La imagen de una Bolivia hecha pedazos tras el paso del «huracán» que supusieron las protestas de las últimas semanas ilustró la edición de ayer del diario paceño «La Prensa», según la visión del humorista Javier Menchaca.
La Paz (enviado especial) - Los movimientos sociales y partidos de izquierda de Bolivia lograron la renuncia del presidente Carlos Mesa, a la vez que demostraron poder de movilización para trabar leyes clave, como la de Hidrocarburos. Ahora se enfrentan a un proceso electoral que evidencia sus limitaciones y dilemas, que se extienden también al plano del modelo político del país y a la capacidad para hilvanar un proyecto económico.

La hipótesis más mencionada por los sectores en pugna es que en los próximos meses se realizarían elecciones presidenciales y parlamentarias, antes de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, con el mismo régimen electoral que consagró a Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002 y que abrió las puertas a años de ingobernabilidad. Es decir, si ningún partido obtiene más de 50% de los votos, corresponde a las diferentes bancadas del Congreso llegar a un acuerdo para elegir al presidente.

Para tener claro a qué callejón conduce esta alternativa en el fragmentado mapa político boliviano, basta escuchar a Evo Morales, el diputado cocalero que ayer por la mañana mantuvo una entrevista con periodistas extranjeros, entre ellos este enviado:

«El sistema electoral tiene que cambiarse en una Asamblea Constituyente. Mientras no haya transformaciones de fondo, la historia se repetirá y habrá alianzas que se hacen a espaldas del pueblo boliviano, que no es el que elige al presidente, sino los jefes de bancadas.»

Al mismo tiempo, el titular del Movimiento al Socialismo (MAS) afirmó que su única demanda para el gobierno de Eduardo Rodríguez es que convoque a elecciones presidenciales y parlamentarias, ¡con el actual sistema electoral!. «La Asamblea Constituyente era una prioridad, pero el conflicto derivó en un cambio de gobierno y ahora deberá ser un presidente electo el que convoque a reformar la Constitución», explicó.

Morales se demostró condescendiente con Rodríguez, a quien sólo le sugirió «que no forme un gabinete con 'goñistas' o con vínculos con la dictadura». Si el presidente no lo obedece, «las organizaciones sociales no van a producir levantamientos», que sólo estarán reservados «si los sectores de Santa Cruz quieren imponer un referendo sedicioso».

• Candidatos

Aunque es prematuro, se baraja como probables candidatos presidenciales con alguna intención de voto significativa a los ex mandatarios Jorge «Tuto» Quiroga (ADN, derecha) y Carlos Mesa (centro). También figuran el empresario cementero Samuel Doria (centro, disidente del MIR) y el propio Morales.

Hay encuestas contradictorias, pero en cualquier caso está claro que
no hay un emergente al estilo de Hugo Chávez en 1998 en Venezuela.

Otro dato para tener en cuenta es que, según un sondeo de ayer del diario cruceño «El Deber», 75,7% de la población está de acuerdo con la nacionalización de los hidrocarburos, aunque las formas de hacerlo pueden variar diametralmente.

Morales logró un sorprendente segundo puestoen 2002 con cerca de 20,9% de los votos y 35 bancas en el Congreso. Tal fue la sorpresa, que son contados los diputados del MAS con alguna relevancia política y en su mayoría aún hoy siguen teniendo una actuación marginal.

Con un pie en el palacio legislativo y otro en la calle, el dirigente cocalero navegó estos años entre contradicciones expresadas en cuestión de horas, sin poder formar un entramado partidario que le permitiera llegar a la próxima instancia electoral con mejores chances.


El MAS, la Federación de Juntas Vecinales de El Alto, la alteña Central Obrera Regional, la Central Obrera Boliviana, la Federación de Campesinos de la Paz Tupaj Katari, el gremio de maestros urbanos y rurales y otras agrupaciones indígenas lograron sumar decenas de miles de manifestantes en La Paz estas semanas. Sin embargo,-de allí a una expresión electoral conjunta,la meta es difusa y hasta inconcebible. Morales parece no tener posibles aliados ni a la izquierda ni al centro, aunque claro está que los electorados pueden forzar alianzas de hecho con su voto.

Otro aspecto difícil de comprender es por qué los dirigentes campesinos, como Morales, no están a la cabeza de los reclamos por mayor poder autonómico para las regiones, que, según ellos, son enarbolados por la «oligarquía» cruceña.

Recién en 1985 se pudieron elegir alcaldes en Bolivia y no existe la figura de prefecto ( gobernador) electo por voto popular para los departamentos (provincias). Está agendada una elección para prefectos el 12 de agosto, de incierta realización y legalidad.

El MAS y las organizaciones sociales ocupan su tiempo en evitar que los empresarios de Santa Cruz «armen» mapas y tiempos electorales a su gusto. En este contexto, no se equivocaría quien enrole a Morales entre los unitarios, quizá porque los cruceños supieron apropiarse de una demanda en su debido momento.

No es un secreto que los partidos de izquierda suelen tener mejor comportamiento en elecciones locales que en las nacionales e, incluso, lo regional puede ser un buen punto de partida, como lo fue para el PT de Brasil.

Por último, una mención para la economía. Sería sumamente injusto atribuir alguna culpabilidad a los indígenas y campesinos por el retraso que hace de Bolivia el país más pobre de Sudamérica, pero sí se les podría reclamar una mejor lectura del presente.
Una región, Santa Cruz, pudo alcanzar algún grado de competitividad y no sólo gracias a su riqueza hidrocarburífera, sino también en ganadería y soja, además de ser, de lejos, la principal plaza bancaria, industrial y de servicios del país. A lo mejor allí no todo es tan malo ni producto de «la voracidad de las oligarquías».

Ya hubo nacionalizaciones en el pasado boliviano y los resultados están a la vista.
Las organizaciones sociales deberían superar el consignismo de expropiaciones irrealizables para focalizarse en la firma de contratos más justos para el país y en el desarrollo de planes económicos más ambiciosos.

En el discurso de la izquierda boliviana no aparecen los proyectos y sobran las ilusiones, como eventuales asociaciones con China y Japón para extraer gas y petróleo.
Felipe Quispe debería hablar al respecto con Julio De Vido.

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