Japón teme ser el próximo objetivo terrorista
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Japón desplegó 600 soldados en el sur de Irak, donde participan en trabajos de reconstrucción y en una misión humanitaria.
Es el primer despliegue militar nipón en un escenario bélico extranjero desde 1945.
La constitución pacifista prohíbe a los soldados japoneses a utilizar sus armas, salvo en caso de legítima defensa.
Hasta ahora no lo han hecho, aún cuando su campamento fue objeto de varios ataques con cohetes.
Koizumi reiteró el jueves que los soldados japoneses permanecerán en Irak.
El ministerio de Relaciones Exteriores recomendó prudencia a los japoneses que viajan al extranjero.
El ministerio de Transportes telefoneó el mismo jueves en la noche a todas las compañías aéreas y ferroviarias, a las sociedades de autobuses, así como a los aeropuertos del país para llamarlos a que aumenten la vigilancia.
Tokyo Metro, la principal compañía del metro de la capital, que transporta cada día 5,69 millones de pasajeros, pidió a sus empleados que incrementen los patrullajes y suprimió todos los depósitos de basura en la red.
En 1995, el metro de Tokio fue objeto de un atentado con gas sarín, perpetrado por la secta Aum, que provocó 12 muertos y miles de intoxicados.
Desde entonces, mensajes escritos o difundidos por altavoces invitan a los pasajeros a señalar todo objeto sospechoso.
Pero la apatía de los japoneses o el temor de aparecer como delatores en un país donde el índice de criminalidad es muy bajo, o donde por costumbre es mal visto meterse en las cosas del prójimo, no facilita el trabajo de los encargados de prevenir los atentados.




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