Cara a cara de alta tensión: Biden y Putin, en Ginebra

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Ginebra - Los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Joe Biden y Vladímir Putin, celebrarán hoy en Ginebra, Suiza, su muy esperada primera cumbre, con las relaciones bilaterales en su punto más bajo en décadas.

El envenenamiento y encarcelamiento del líder opositor ruso Alexéi Navalni, la tensión entre Rusia y Ucrania y acusaciones de que el Kremlin está detrás de ciberataques e interferencias en procesos electorales son algunos de los temas que más tensión generan de los que se discutirán en la reunión.

Otras cuestiones, en las que hay mayor entendimiento, incluyen el control de los arsenales nucleares, el cambio climático, los programas atómicos de Irán y Corea del Norte y la estabilidad de Afganistán tras la retirada militar estadounidense y de la OTAN.

El encuentro en la neutral Suiza, que estará rodeado de un impresionante dispositivo de seguridad, llega luego de que Biden, en su primera gira internacional como presidente, hubo participado esta semana de una cumbre del G7 y otra de la OTAN, en las que pudo escuchar a sus aliados de Europa antes de sentarse con Putin.

Las conversaciones están precedidas por meses de declaraciones cruzadas entre ambos presidentes, muchas de ellas de un cariz personal, más que institucional.

En una entrevista en marzo, Biden dijo que estaba de acuerdo con la caracterización de Putin como un “asesino”, tras lo cual Rusia llamó a consultas a su embajador y el jefe del Kremlin respondió que Biden se describía a sí mismo, antes de desearle “buena salud”.

El mandatario ruso desafió luego al estadounidense a celebrar un debate público y, cuando Biden propuso la cumbre días después, el Kremlin presentó la oferta como un intento de la Casa Blanca de reparar el daño generado por el comentario.

Las expectativas de resultados tangibles de la reunión son bajas, aunque hay esperanzas de que permita un mejor entendimiento entre dos de las mayores potencias que quite un factor extra de inestabilidad mientras el mundo busca recuperarse del coronavirus.

La espiral descendente en la relación comenzó luego de que Rusia se anexara la península ucraniana de Crimea, en 2014, y de que la inteligencia estadounidense acusara a Moscú de interferencia en las presidenciales de 2016 en Estados Unidos.

El encono se agravó por ciberataques contra el Gobierno y compañías privadas estadounidenses, el envenenamiento -cuya autoría se desconoce- y posterior condena a prisión de Navalni y el respaldo ruso a la dictadura de Bielorrusia ante la represión de las protestas opositoras.

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