"Juventud victoriana" cambia ya el paisaje de Nueva York
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Según cifras oficiales, la cantidad de parejas jóvenes con hijos pequeños creció en Manhattan
26% en cuatro años. Las actitudes menos liberales de la juventud son motivo de polémica
entre los observadores.
Apuestan más bien por la monogamia, por tener hijos y animales de compañía y por dedicarse a sus carreras profesionales.
La cocaína ha dejado paso a la cocina -y sobre todo a los cacharros de hierro marca Le Creuset-, ironiza Ratner. En cuanto a la fidelidad matrimonial: «Sólo hace falta plantear la expresión 'aventura extraconyugal' en los chats de Urbanbaby. com y serás atacada con desprecio y tildada de puta y destructora de hogares».
La vida de los nuevos victorianos respeta la siguiente secuencia: estudiar un máster, elegir una pareja de manera práctica y sensata, casarse tal vez con alguien a quien se ha conocido en un anuncio clasificado en las páginas de bodas de «The New York Times» y encontrar una casa donde tener hijos.
Se suele salir endeudado de tantos años de estudios, y son tantas las expectativas que hay poco tiempo para disfrutar de las posibilidades bohemias de la juventud. Los resultados se ven ya en el censo. Después de décadas en descenso, el número de parejas con hijos menores de cinco años se ha disparado en Manhattan, con un crecimiento de 26% entre 2000 y 2004. Aunque, lógicamente, uno pudiera pensar que esto tiene que ver con la más elevada tasa de fertilidad del millón de inmigrantes que han llegado a la ciudad en los últimos diez años, no es ésa la explicación.
En barrios de inmigrantes como Queens, el número de familias con hijos no crece tanto. El repunte de la natalidad lo protagonizan los jóvenes adinerados en barrios típicos de nuevos victorianos, como el Upper West Side de Manhattan o las casas de ladrillo de Park Slope en Brooklyn. Según «The New York Observer», el actor Heath Ledger («Brokeback Mountain»), su mujer Michelle Wiliams y su hija Matilda, residentes en uno de los barrios aburguesados de Brooklyn, son la familia arquetipo de los nuevos victorianos. Todo esto parece ser una reacción contra la contracultura de los padres, sugiere Ratner. «Somos hijos de padres 'baby boomers' que practicaban el amor libre y hemos querido llegar a su nivel económico», apunta una profesional veinteañera, casada con hijos. Pero la generación posfeminista también los horroriza. A los nuevos victorianos les da pavor la idea de «terminar como una solterona tambaleando por Nueva York, cargada de cócteles y luciendo pantalones inapropiados para la edad, tipo Capri, al igual que las chicas de 'Sex and the City'».
Comentaristas conservadores se han frotado las manos al ver que un medio muy al corriente como «The New York Observer» anuncia semejante tendencia: «Los nuevos victorianos se han vuelto contra la revolución sexual, añoran la tradición, se casan, tienen bebés y, a diferencia de sus padres, se dejan de infantilismos», escribe Suzanne Fields, columnista del conservador «The Washington Times».
Pero, por mucho que la derecha cultural y política pretenda reivindicar la tendencia de los nuevos victorianos como un rostro más del regreso a los viejos valores republicanos, eso no es exactamente lo que está pasando. Todo indica que, pese a las apariencias, la juventud estadounidense en general y la neoyorquina en concreto se sienten más identificadas con los valores de los 60 que sus padres.


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