22 de agosto 2007 - 00:00

"Juventud victoriana" cambia ya el paisaje de Nueva York

Según cifras oficiales, la cantidad de parejas jóvenes con hijos pequeños creció en Manhattan26% en cuatro años. Las actitudes menos liberales de la juventud son motivo de polémicaentre los observadores.
Según cifras oficiales, la cantidad de parejas jóvenes con hijos pequeños creció en Manhattan 26% en cuatro años. Las actitudes menos liberales de la juventud son motivo de polémica entre los observadores.
Nueva York - Dos influyentes medios editados en Nueva York han publicado este mes artículos de tendencia sobre el deseo incontenible de los nuevos habitantes de Manhattan de ser, antes que nada, normales. Lejos han quedado los años de beats, bohemios, travestidos, punks, drogas y modas andrógenas, de los «hípsters de cabeza de ángel arrastrándose por las calles de negros al amanecer en busca de drogas», según los describió el poeta beat Allen Ginsberg en su obra maestra «Howl». Como lejos han quedado los zapatos Jimmy Choo y la frenética vida sexual de las solteras de «Sex and the City». Ahora, en Nueva York, es la moralidad -hasta los peinados y los vestidosde George Elliot y Jane Austen la que se impone, según se plantea en un agudo artículo de observación social Lizzy Ratner en el semanario «New York Observer» titulado «Los nuevos victorianos». En definitiva: en los 70 Lou Reed caminaba por el lado salvaje de Nueva York y ahora las jóvenes parejas neoyorquinas prefieren dar un paseo por el parque con los gemelos en el cochecito.

Mientras tanto, según «The Wall Street Jornal», la nueva clase creciente de superricos neoyorquinos -uno de cada 800 hogares en Nueva York registra ingresos anuales superiores a dos millones de dólares-, antes muy dada al consumo ostentoso, opta ahora por la discreción y la vida normal, tanto que se los conoce como los «Young And Wealthy but Normal», jóvenes y ricos pero normales, cuyo acrónimo YAWN significa... bostezo.

Una nueva fase se ha abiertoen la Nueva York de departamentos loft -precio medio, un millón de dólares-, cadenas de restoranes franceses, guarderías de alto standing y un año de estudios en el respetado instituto privado Dalton a 25.000 dólares la matrícula, advierte Ratner. «Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando los jóvenes sin rumbo iban corriendo a Nueva York en busca de una experiencia urbana distinta, ebrios de un nuevo cóctel de atrevimiento, polvos bolivianos y riesgo para luego dejarse llevar y describir sus experiencias en columnas de confesión sexual

(...)» Pero en los últimos años ha aparecido una nueva clase de jóvenes de veintitantos, ambiciosos, pero algo sosos, que buscan «la comodidad del hogar con el afán de un personaje de «Middlemarch» (la obra de Elliot que retrata la sociedad victoriana), una clase llena de pudor, llamémoslos «los nuevos victorianos».

  • Apuestas

  • Estos jóvenes tienen escaso interés en la prolongación de la adolescencia o en el cambio de pareja.

    Apuestan más bien por la monogamia, por tener hijos y animales de compañía y por dedicarse a sus carreras profesionales.

    La cocaína ha dejado paso a la cocina -y sobre todo a los cacharros de hierro marca Le Creuset-, ironiza Ratner. En cuanto a la fidelidad matrimonial: «Sólo hace falta plantear la expresión 'aventura extraconyugal' en los chats de Urbanbaby. com y serás atacada con desprecio y tildada de puta y destructora de hogares».

    La vida de los nuevos victorianos respeta la siguiente secuencia: estudiar un máster, elegir una pareja de manera práctica y sensata, casarse tal vez con alguien a quien se ha conocido en un anuncio clasificado en las páginas de bodas de «The New York Times» y encontrar una casa donde tener hijos.

  • Expectativas

    Se suele salir endeudado de tantos años de estudios, y son tantas las expectativas que hay poco tiempo para disfrutar de las posibilidades bohemias de la juventud. Los resultados se ven ya en el censo. Después de décadas en descenso, el número de parejas con hijos menores de cinco años se ha disparado en Manhattan, con un crecimiento de 26% entre 2000 y 2004. Aunque, lógicamente, uno pudiera pensar que esto tiene que ver con la más elevada tasa de fertilidad del millón de inmigrantes que han llegado a la ciudad en los últimos diez años, no es ésa la explicación.

    En barrios de inmigrantes como Queens, el número de familias con hijos no crece tanto. El repunte de la natalidad lo protagonizan los jóvenes adinerados en barrios típicos de nuevos victorianos, como el Upper West Side de Manhattan o las casas de ladrillo de Park Slope en Brooklyn. Según «The New York Observer», el actor Heath Ledger («Brokeback Mountain»), su mujer Michelle Wiliams y su hija Matilda, residentes en uno de los barrios aburguesados de Brooklyn, son la familia arquetipo de los nuevos victorianos. Todo esto parece ser una reacción contra la contracultura de los padres, sugiere Ratner. «Somos hijos de padres 'baby boomers' que practicaban el amor libre y hemos querido llegar a su nivel económico», apunta una profesional veinteañera, casada con hijos. Pero la generación posfeminista también los horroriza. A los nuevos victorianos les da pavor la idea de «terminar como una solterona tambaleando por Nueva York, cargada de cócteles y luciendo pantalones inapropiados para la edad, tipo Capri, al igual que las chicas de 'Sex and the City'».

  • Añoranza

    Comentaristas conservadores se han frotado las manos al ver que un medio muy al corriente como «The New York Observer» anuncia semejante tendencia: «Los nuevos victorianos se han vuelto contra la revolución sexual, añoran la tradición, se casan, tienen bebés y, a diferencia de sus padres, se dejan de infantilismos», escribe Suzanne Fields, columnista del conservador «The Washington Times».

    Pero, por mucho que la derecha cultural y política pretenda reivindicar la tendencia de los nuevos victorianos como un rostro más del regreso a los viejos valores republicanos, eso no es exactamente lo que está pasando. Todo indica que, pese a las apariencias, la juventud estadounidense en general y la neoyorquina en concreto se sienten más identificadas con los valores de los 60 que sus padres.
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