La azarosa vida del rey del narcotráfico
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Los hermanos Rodríguez Orejuela fueron acusados por la Fiscalía colombiana y el gobierno de Washington de haber financiado con 6 millones de dólares la campaña proselitista del presidente Ernesto Samper (1994-98), quien fue absuelto de ese cargo por el Congreso y negó haber mantenido tratos con los criminales.
Según la Fiscalía, los Rodríguez Orejuela también aportaron fondos a otros políticos, deportistas y celebridades colombianos, por lo que abrió una gigantesca causa antimafia conocida en Colombia como el «Proceso 8.000».
• Presión de EE.UU.
Presionado por la Casa Blanca, Samper lanzó una ofensiva contra los dirigentes del cartel mafioso, la cual se concretó el 9 de junio de 1995 al ser arrestado Gilberto Rodríguez en Cali (500 kilómetro al sudoeste de Bogotá). El comando de élite de la policía que allanó su residencia de un barrio elegante de Cali lo encontró escondido en un armario empotrado en una pared.
«Ustedes ganaron, soy Gilberto Rodríguez Orejuela. No me hagan daño, soy un hombre de paz», dijo el líder narcotraficante en el momento de ser atrapado, según declaraciones posteriores del jefe del grupo de élite.
Miguel Rodríguez, considerado como el número dos del cartel cocainero, fue capturado en Cali el 6 de agosto de 1995, y desde entonces fue recluido junto con su hermano en la prisión de alta seguridad de La Picota de Bogotá. Ambos fueron trasladados después a la cárcel de la ciudad de Palmira, próxima a Cali, y más tarde a la de Cómbita.
La Justicia accedió a liberarlo en base a su buena conducta, ya que en prisión trabajó y siguió la carrera de Derecho, llegando inclusive a dar clases a otros detenidos.




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