3 de febrero 2003 - 00:00

La "Doctora Germen": cerebro del arsenal químico de Saddam

Analistas del Pentágono afirman que en la lista de objetivos de la inminente guerra contra Irak sólo hay un nombre que figure delante del de Taha, el de Saddam Hussein.
Analistas del Pentágono afirman que en la lista de objetivos de la inminente guerra contra Irak "sólo hay un nombre que figure delante del de Taha, el de Saddam Hussein".
A la terrorista más peligrosa de estos tiempos la han bautizado con el nombre de «Doctora Germen». Sólo Saddam Hussein y Bin Laden están a su altura en lo que se refiere a crímenes contra la humanidad. El MI5 (el servicio militar británico de contraespionaje) cree que fue ella quien preparó la mortal amenaza del ricino que ha aterrorizado a Gran Bretaña.

Nacida en Irak hace 46 años, la doctora Rihad Taha dedicó más de cinco años a la investigación de venenos a partir de plantas en una de las más destacadas universidades de Gran Bretaña. Después regresó a su patria para convertirse en jefa del programa de guerra biológica de Saddam. Y, según se supo la semana pasada de fuentes de los servicios de espionaje de Washington y Londres, tuvo una participación decisiva en el envío de los dos tambores de productos químicos encontrados a los miembros de Al-Qaeda detenidos en la zona de Barcelona. Los barriles estaban listos para atentar contra los buques de guerra norteamericanos y británicos que cruzan el estrecho de Gibraltar en su navegación hacia el Golfo Pérsico. Fuentes del MI6 (el servicio militar británico de espionaje) han informado que han trabajado conjuntamente con la CIA para seguir la pista de los dos tambores hasta España. También han colaborado estrechamente con los servicios de espionaje y la policía de España. El descubrimiento de los dos barriles se ha considerado un avance muy importante a la hora de establecer los vínculos existentes entre Irak y Al-Qaeda, relación que Saddam ha negado insistentemente. «Nos centramos en la sospecha de que Irak había conseguido introducir en España, de forma clandestina, diversas cantidades de productos químicos», confirma en Washington un alto responsable de los servicios de espionaje. Se cree que esos productos formaban parte de las 3,9 toneladas de gas VX -uno de los más mortales, mucho más tóxico que el gas sarín- que, según manifestó la «Doctora Germen» a los inspectores de armamento de la ONU en 1991, habían sido destruidas. «Yo misma vigilaba que se hiciera así», aseguró entonces.

• Pruebas

En Washington, fuentes de los servicios de espionaje me informaron de que los terroristas detenidos en la zona de Barcelona tenían un plan para hacer llegar a Cádiz los dos tambores de productos químicos. Allí, me aseguraron, un terrorista suicida de Al-Qaeda alquilaría un barquito pesquero y transportaría los productos químicos al estrecho, donde daría suelta a su letal contenido. Según los servicios de seguridad en Londres, existen «pruebas fiables» de que el atentado terrorista se había planeado para que coincidiera con la alocución del presidente Bush sobre el estado de la Unión, en la que informaría oficialmente a EE.UU. de su entrada en guerra. El MI5 cree que, cuando la «Doctora Germen» abandonó Gran Bretaña (1984), además de un número indeterminado de terroristas no fichados, dejó tras de sí el proyecto de una fábrica de gérmenes patógenos. «Tenemos pruebas fiables de que los terroristas no fichados hicieron llegar los planes a otros fanáticos aun más peligrosos, que habían conseguido entrar en Gran Bretaña bajo el disfraz de solicitantes de asilo político. Es posible que algunos de ellos fueran científicos instruidos por Taha antes de llegar a este país», han revelado fuentes de los servicios de espionaje. En un intento desesperado por dar con esa fábrica antes de que pueda distribuir sus mortales venenos se han realizado redadas en Bournemouth y Manchester.

Se cree que la fábrica está camuflada en alguno de los pisos francos que Bin Laden puede haber montado en Gran Bretaña. Mientras sigue la búsqueda, lo que se sabe de la «Doctora Germen» indica hasta qué extremos había conseguido extender sus redes, que tienen en España un elemento clave. En los años transcurridos desde que comenzó a trabajar en el programa de guerra biológica de Irak, la «Doctora Germen» ha viajado regularmente a Argelia, Marruecos (donde, el año pasado, se descubrió a terroristas de Al-Qaeda) y Egipto. Los servicios de espionaje han descubierto que estaba en Praga aproximadamente en los mismos días en que se concretaban los últimos detalles de los atentados del 11-S. Se ha planteado la posibilidad, según fuentes de la CIA, de que la primitiva intención de los terroristas fuera utilizar agentes biológicos en los atentados. «Es posible que esa mujer contara con que en el momento del impacto se esparcieran gérmenes patógenos sobre Nueva York. No obstante, de haber existido ese plan, no habría funcionado. Demos gracias porque haya sido así.»

• Investigación

De apenas metro y medio de altura, caracterizada por la palidez de su rostro y una extrema delgadez, la «Doctora Germen» es la hija mayor de una de las familias más poderosas de Irak. En la actualidad vive en Bagdad, en una mansión cercana a uno de los palacios de Saddam. Está casada con Amer Rashid, ex ministro del petróleo iraquí recientemente retirado, quien estudió en la Universidad de Oxford. Un informe del MI5 revela que mientras estaba embarazada de su primer hijo, Taha «pasó varios meses investigando fórmulas para infectar a niños occidentales con dosis letales de gastroenteritis». La documentación del Mossad israelí sobre ella da cuenta de sus experimentos, mortales de necesidad, con ántrax, botulismo y ricino en prisioneros de Saddam. La semana pasada, fuentes del Mossad confirmaron que disponían de pruebas incontestables de que la «Doctora Germen» había «supervisado personalmente» experimentos con ántrax en conejillos de Indias humanos en el Parque Salman, unas instalaciones militares a unos 80 kilómetros al sur de Bagdad. Esas instalaciones figuran en la actualidad en la lista de visitas «urgentes» que tienen que volver a realizar los inspectores de armamento de la ONU. El informe del Mossad describe que la «Doctora Germen» observaba, desde detrás de una pantalla de cristal, cómo se ataba a unas camillas a los prisioneros de Saddam. Estos experimentos representan una parte secundaria de los estudios que realizó en Gran Bretaña, adonde llegó en 1979 con un pasaje de primera clase en un vuelo procedente de Bagdad. Se había matriculado en la investigación de enfermedades de cultivos agrícolas. Tenía 23 años y era una joven de pelo parduzco con la poco atractiva costumbre de mordisquear tallos de flores, lo cual había determinado que los dientes se le volvieran amarillentos. Nadie sospechaba que pudiera ser una fanática militante del Baath, el partido de Saddam.

Nadie se percató de sus repentinas visitas a Londres en fines de semana para reunirse con su superior del servicio de espionaje de Irak. En aquellos tiempos, Saddam no representaba una amenaza para Gran Bretaña. Eran las actividades del ayatollah de Teherán las que quitaban el sueño a los servicios de espionaje. Fuera de clase, sus estudios tenían un cariz muy diferente. El curso que seguía le autorizaba el acceso a documentos de circulación restringida como algunos de Porton Down, el centro de investigaciones secretas de guerra química y biológica de Gran Bretaña. Esos documentos le revelaron los procesos de difusión de ántrax, el botulismo, la peste bubónica y otras toxinas de origen biológico. Aprendió cómo esparcir gérmenes mortíferos en centros comerciales y colocar artefactos explosivos que soltaran esporas de ántrax en estadios. Descubrió que, con poco más que los equipos que se utilizan en un laboratorio universitario, se podía producir un arma biológica.

Hacia el final de su estancia en Gran Bretaña, la ahora conocida por el MI5 como «Doctora Germen» -el mote se le ocurrió a
Rolf Ekeus, un ex inspector de armamento de Naciones Unidas- empezó a hacer visitas a grupos islámicos de Londres y del norte de Inglaterra. Cuando regresó a Irak, en 1984, con su título en Microbiología, Taha había establecido ya unos contactos que seguiría cuidando exquisitamente. Muy pronto atrajo la atención del general Amer Saadi, un licenciado de la Universidad de Oxford con un título de doctor en Química.

Este hombre era el máximo responsable del programa secreto de investigaciones biológicas de Saddam. Taha comenzó a tomar parte de un reducido equipo de licenciados iraquíes formados en Gran Bretaña que integraban la dirección del programa. Hicieron instalar sus laboratorios en el Instituto al-Hazan Ibn al Hathem, en las afueras de Bagdad. Al término de la Guerra del Golfo Pérsico, la «Doctora Germen» presentó «una completa declaración» en la que aseguraba que todos los agentes patógenos de estos laboratorios habían sido incinerados. La mentira, tal y como ha acabado por saberse, era connatural con esta mujer. La semana pasada, gracias a Rolf Ekeus, se conoció un inquietante rasgo de su personalidad. «Llegó a ser muy famosa entre nosotros por sus arrebatos de histrionismo cuando la interrogábamos. Aunque habitualmente era una mujer de modales suaves, era capaz de explotar repentinamente en accesos de cólera o estallar en lágrimas. Se ponía a gritar o a tirar sillas, o salía de la habitación hecha un basilisco cuando la interrogábamos», ha declarado Ekeus.

Más preocupante resulta que el Mossad haya concluido que la «Doctora Germen» mantiene desde hace tiempo una gran amistad con
Mohammed Bensakhria, una persona muy próxima a Bin Laden. Otro amigo de la «Doctora» ha sido identificado como Abu Qatada, «embajador de Bin Laden en Europa». Estos vínculos han hecho que se centre una atención extraordinaria en la «Doctora Germen» y en los pasos que dé en el futuro.

Si la atrapan tendrá que hacer frente a un juicio por crímenes de guerra. Aunque lo más probable es que se suicide con alguno de sus propios gérmenes.

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