La "Doctora Germen": cerebro del arsenal químico de Saddam
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Analistas del Pentágono afirman que en la lista de objetivos de la inminente guerra contra Irak "sólo hay un nombre que figure delante del de Taha, el de Saddam Hussein".
De apenas metro y medio de altura, caracterizada por la palidez de su rostro y una extrema delgadez, la «Doctora Germen» es la hija mayor de una de las familias más poderosas de Irak. En la actualidad vive en Bagdad, en una mansión cercana a uno de los palacios de Saddam. Está casada con Amer Rashid, ex ministro del petróleo iraquí recientemente retirado, quien estudió en la Universidad de Oxford. Un informe del MI5 revela que mientras estaba embarazada de su primer hijo, Taha «pasó varios meses investigando fórmulas para infectar a niños occidentales con dosis letales de gastroenteritis». La documentación del Mossad israelí sobre ella da cuenta de sus experimentos, mortales de necesidad, con ántrax, botulismo y ricino en prisioneros de Saddam. La semana pasada, fuentes del Mossad confirmaron que disponían de pruebas incontestables de que la «Doctora Germen» había «supervisado personalmente» experimentos con ántrax en conejillos de Indias humanos en el Parque Salman, unas instalaciones militares a unos 80 kilómetros al sur de Bagdad. Esas instalaciones figuran en la actualidad en la lista de visitas «urgentes» que tienen que volver a realizar los inspectores de armamento de la ONU. El informe del Mossad describe que la «Doctora Germen» observaba, desde detrás de una pantalla de cristal, cómo se ataba a unas camillas a los prisioneros de Saddam. Estos experimentos representan una parte secundaria de los estudios que realizó en Gran Bretaña, adonde llegó en 1979 con un pasaje de primera clase en un vuelo procedente de Bagdad. Se había matriculado en la investigación de enfermedades de cultivos agrícolas. Tenía 23 años y era una joven de pelo parduzco con la poco atractiva costumbre de mordisquear tallos de flores, lo cual había determinado que los dientes se le volvieran amarillentos. Nadie sospechaba que pudiera ser una fanática militante del Baath, el partido de Saddam.
Nadie se percató de sus repentinas visitas a Londres en fines de semana para reunirse con su superior del servicio de espionaje de Irak. En aquellos tiempos, Saddam no representaba una amenaza para Gran Bretaña. Eran las actividades del ayatollah de Teherán las que quitaban el sueño a los servicios de espionaje. Fuera de clase, sus estudios tenían un cariz muy diferente. El curso que seguía le autorizaba el acceso a documentos de circulación restringida como algunos de Porton Down, el centro de investigaciones secretas de guerra química y biológica de Gran Bretaña. Esos documentos le revelaron los procesos de difusión de ántrax, el botulismo, la peste bubónica y otras toxinas de origen biológico. Aprendió cómo esparcir gérmenes mortíferos en centros comerciales y colocar artefactos explosivos que soltaran esporas de ántrax en estadios. Descubrió que, con poco más que los equipos que se utilizan en un laboratorio universitario, se podía producir un arma biológica.
Hacia el final de su estancia en Gran Bretaña, la ahora conocida por el MI5 como «Doctora Germen» -el mote se le ocurrió a Rolf Ekeus, un ex inspector de armamento de Naciones Unidas- empezó a hacer visitas a grupos islámicos de Londres y del norte de Inglaterra. Cuando regresó a Irak, en 1984, con su título en Microbiología, Taha había establecido ya unos contactos que seguiría cuidando exquisitamente. Muy pronto atrajo la atención del general Amer Saadi, un licenciado de la Universidad de Oxford con un título de doctor en Química.
Este hombre era el máximo responsable del programa secreto de investigaciones biológicas de Saddam. Taha comenzó a tomar parte de un reducido equipo de licenciados iraquíes formados en Gran Bretaña que integraban la dirección del programa. Hicieron instalar sus laboratorios en el Instituto al-Hazan Ibn al Hathem, en las afueras de Bagdad. Al término de la Guerra del Golfo Pérsico, la «Doctora Germen» presentó «una completa declaración» en la que aseguraba que todos los agentes patógenos de estos laboratorios habían sido incinerados. La mentira, tal y como ha acabado por saberse, era connatural con esta mujer. La semana pasada, gracias a Rolf Ekeus, se conoció un inquietante rasgo de su personalidad. «Llegó a ser muy famosa entre nosotros por sus arrebatos de histrionismo cuando la interrogábamos. Aunque habitualmente era una mujer de modales suaves, era capaz de explotar repentinamente en accesos de cólera o estallar en lágrimas. Se ponía a gritar o a tirar sillas, o salía de la habitación hecha un basilisco cuando la interrogábamos», ha declarado Ekeus.
Más preocupante resulta que el Mossad haya concluido que la «Doctora Germen» mantiene desde hace tiempo una gran amistad con Mohammed Bensakhria, una persona muy próxima a Bin Laden. Otro amigo de la «Doctora» ha sido identificado como Abu Qatada, «embajador de Bin Laden en Europa». Estos vínculos han hecho que se centre una atención extraordinaria en la «Doctora Germen» y en los pasos que dé en el futuro.
Si la atrapan tendrá que hacer frente a un juicio por crímenes de guerra. Aunque lo más probable es que se suicide con alguno de sus propios gérmenes.




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