La escandalosa historia de bancos que privatiza Lula
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Banco del Estado de Maranhao (BEM).
Según se denunció en su momento, entre otras irregularidades, el banco otorgó cuantiosos préstamos a personas ligadas al clan familiar, los que nunca fueron pagados. También se denunció que los directores de la entidad, nombrados por la gobernadora, fraguaron los balances del BEM.
La primera tentativa de privatización del banco se produjo poco después de la intervención, en julio de 2000, pero fracasó por falta de ofertas. El gobierno federal lleva inyectados 333 millones de reales -más de 92 millones de dólares al cambio actual- en su intento de rescatarlo de la quiebra.
El caso BEM, junto al hallazgo por parte de la policía federal, de una suma millonaria en efectivo en una empresa propiedad de Roseana y su marido, junto con papeles comprometedores en una causa por desvío de fondos públicos, terminó por derrumbar la candidatura presidencial de la ex gobernadora, que había arrancado la campaña para los últimos comicios liderando las encuestas. Roseana es hija de uno de los principales aliados actuales de Lula, el ex presidente y actual líder del Senado José Sarney. Ella es dirigente del ala del Partido del Frente Liberal (PFL) que apoya al gobierno.
Banco del Estado de Ceará (BEC). En su momento llegó a ser el 12º banco de América latina con menor tasa de riesgo. En 1995 el gobierno estadual anunció su intención de privatizarlo. Sus activos, que llegaron a ser de 1.000 millones de reales -unos 280 millones de dólares de hoy- se esfumaron y dos tercios de sus empleados.
Ciro Gomes, gobernador de Ceará entre 1991 y 1994 y actual ministro de Integración Nacional de Lula, se jacta de haber entregado al fin de su gestión un BEC floreciente. El hecho es que para fines de 1998 el banco estaba prácticamente quebrado.
Parlamentarios estaduales denunciaron una grave serie de irregularidades administrativas, por 900 millones de reales -250 millones de dólares: empresas con pésimas calificaciones de riesgo recibieron fuertes préstamos y hubo numerosos créditos jamás pagados otorgados con motivaciones políticas.
Banco del Estado de Santa Catarina (BESC). Fue intervenido por las autoridades federales en 1999 para evitar su liquidación. En su saneamiento el Banco Central invirtió unos 1.500 millones de reales -416 millones de dólares-, lo que convirtió a su rescate en el tercero más caro costeado por fondos de la Unión (el primero fue el del Banespa, San Pablo, por la friolera de 32.000 millones de reales, 8.900 millones de dólares de hoy). La diferencia entre el monto de ese rescate y lo que deje su venta al sector privado se convertirá en deuda para los contribuyentes de Santa Catarina con el Estado federal de aquí a 30 años.
Su privatización estaba prevista para el final del gobierno de Cardoso, pero un pedido expreso de Lula dejó el trámite a las nuevas autoridades. Para acallar las polémicas en torno a su privatización, el Central nombró al frente del BESC a uno de los líderes históricos del PT, Eurides Mescolotto.
Banco del Estado de Piauí (BEP). Piauí es uno de los tres estados gobernados en la actualidad por el PT, lo que hace singularmente polémica la privatización del BEP. La historia de su caída -y de su intervención en 2000- es similar a la de los ejemplos anteriores y su traspaso al sector privado fue frenada varias veces por el propio partido de Lula y por el sindicato de los empleados bancarios, que argumentaron objeciones al precio base establecido en 38 millones de reales -10,5 millones de dólares- por 69% de las acciones.




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