26 de febrero 2008 - 00:00

La guerrilla se volvió venezolana

La relación entre las FARC y el gobierno de Hugo Chávez se ha hecho más patente en los últimos meses. Y no se debe esto a las visibles gestiones por la liberación de rehenes o el pronunciamiento del presidente venezolano sobre el carácter de « fuerza beligerante» de la narcoguerrilla colombiana. No. En los últimos meses comenzaron a surgir testimonios y pruebas de la estrecha conexión que habría entre el gobierno chavista y las FARC, las que ya estarían llevando sus bases a territorio venezolano.

Se estima que a lo largo de 2007 cerca de 2.400 guerrilleros abandonaron las FARC. Según Alfredo Rangel, columnista de «El Tiempo» de Bogotá, la totalidad de hombres en armas hoy no supera los 12.000, bien lejos de los 20.000 con que este grupo contaba a principios de 2000. «En los últimos cuatro años, las FARC recibieron grandes golpes a sus estructuras de mandos medios, perdieron el control de territorios estratégicos y sufrieron fuertes bajas, estimadas en cerca de 8.000 hombres, entre caídos en combate y desertores.» ¿Es esto un prenuncio de la desaparición de las FARC? Algunos, como el mismo Rangel, hablan de un «debilitamiento irreversible». Fernando Londoño Hoyos, ex canciller de Colombia, cree que las FARC ya están derrotadas en su país y que se están pasando a Venezuela. En cambio otros, como el centro de estudios estratégicos norteamericano Stratfor, tienen novedades: habría flamantes carteles de droga que ya actuarían en la frontera colombiano-venezolana -sin duda es una de las más difíciles de patrullar en Sudamérica, con 2.220 km de largo, montañas y selva espesa-.

Stratfor destaca, sobre todo, la actuación del «Cartel de los Soles» que, de acuerdo con datos de la DEA, mensualmente mueve 5 toneladas de droga desde Colombia a Venezuela, desde donde se la embarca para Europa y EE.UU. Una aclaración: el suelo venezolano no es apto para el cultivo de la coca. Otra: las FARC surgieron en 1964 como un grupo guerrillero de izquierda, pero en las últimas décadas su actividad principal es la producción y tráfico de drogas. Y otra más, peligrosa, preocupante: el Cartel de los Soles se llama así por los solesque tienen en las charreteras los generalesde la Guardia Nacional venezolana, asociados con los guerrilleros colombianos.

También los desertores de la guerrilla colombiana empezaron a ventilar datos preocupantes. Como que en suelo venezolano ya se estarían registrando combates entre las FARC y el otro grupo guerrillero, el ELN (Ejercito de Liberación Nacional).

Combates por el control del territorio pero también por el negocio de la droga. Todo esto bajo la vista gorda de las autoridades venezolanas, las que además habrían permitido que al menos cuatro nuevas bases de las FARC estuvieran entrenando a los «boliches», como llaman a las milicias fundadas por Chávez (son las FBL o Fuerzas Bolivarianas de Liberación). La zona elegida es la de Arauca, en el estado Barinas (de donde es oriundo el presidente y hoy gobierna su padre, Hugo de los Reyes Chávez), y que es, de acuerdo con el experto venezolano Emilio Figueredo, donde se concentra la mayor cantidad de expatriados colombianos. También en Barinas reside Hermágoras González, un narco colombiano considerado el mayor exportador de cocaína a los EE.UU.

  • Complicidad

    La complacencia de las autoridades venezolanas tiene otros vericuetos, más aceitados si se quiere. Según los relatos de los desertores, Hugo Carvajal, el jefe de la Dirección General de Inteligencia Militar (DGIM), estaría dando protección y credenciales oficiales de organismos de inteligencia a guerrilleros. Esta «ayudita para los amigos» no es para nada despreciable: la DGIM es un organismo de carácter militar que está a la misma altura que el Ministerio de Defensa y el Ministerio del Interior y recibe instrucciones, responde y rinde cuentas sólo al presidente de la República, Hugo Chávez.

    Otros detalles llaman también la atención. Los comunicados «oficiales» de las FARC aparecen antes en la «Agencia Bolivariana de Noticias» (equivalente a nuestra «Télam» en Venezuela) que en ANNCOL (Agencia de Noticias Nueva Colombia, de las FARC). El ministro de Interior del gobierno chavista, Ramón Rodríguez Chacin, tiene un proyecto para dar apoyo logístico y atención médica a «combatientes» de la guerrilla. Se dice, además, que en su casaquinta de Villavicencio se habrían ultimado los detalles para la entrega de las rehenes Clara Rojas y Consuelo González a principios de enero. El 24 de ese mes, se difundió una declaración de uno de los más importantes jefes de las FARC, Raúl Reyes, quien una vez más expresó su afinidad ideológica con Hugo Chávez y la coincidencia en la beligerancia de la organización guerrillera: «Es incuestionable la gestación del nuevo Estado bolivariano socialista en las FARC, hecho que estimula a destacados jefes bolivarianos, como el señor presidente de la República Bolivariana de Venezuela, a quien el pueblo colombiano debe agradecer todos sus esfuerzos para conseguir la liberación de los prisioneros y allanar el camino de la reconciliación y paz con justicia social de Colombia». Otro miembro de las FARC, Germán Briceño, alias «Grannobles», cuenta con la protección de la Guardia Nacional y de la DISIP (como nuestra SIDE) y se dice que recibe a las más altas autoridades nacionales -hasta el mismo Chávez lo habría visitado- en su hacienda «Rancho Grande». Ubicada en Venezuela, claro.

    El gobierno de Chávez rompió relaciones con la DEA en 2005. Y se sabe que 30% de las 600 toneladas de cocaína anuales que se trafican en el mundo transita indefectiblemente por Venezuela. Jóvenes venezolanos están siendo reclutados por los miembros de las FARC, ahora asentados en el país de Chávez. Los oficiales medios de las fuerzas de seguridad venezolanas piden ser destinados a la frontera, donde especulan podrán hacer buenos contactos y asegurarse un tren de vida mejor. En cuanto a las mentas de que el gobierno chavista estaría armando a las FARC, por ahora sólo hay registros de pequeñas partidas, disimuladas, de armamento que llega a manos guerrilleras. El panorama, como se ve, no es alentador para Venezuela.
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