16 de abril 2002 - 00:00

La prensa, complicada en la lucha de poder

Caracas - Mientras que por las calles de la ciudad se multiplicaban los focos de rebeldía, Radio Caracas Televisión (RCTV) seguía transmitiendo imágenes de un país de fantasía, donde a excepción del zumbido apenas audible de un mosquito, todo era serenidad.

El mosquito, ya se entiende, eran las multitudes que comenzaban a bajar de los cerros, exigiendo el regreso de Hugo Chávez. En un esfuerzo por demostrar que el hierro no estaba candente, un reportero de RCTV salió a hacer un recorrido por el mercado. «Y usted señor, ¿ha logrado realizar bien sus compras?». Viéndose de pronto con el micrófono ante las narices, los entrevistados respondían que todo muy bien y que los puestos estaban abastecidos como nunca lo estuvieron en era de Chávez.

A pocas calles de allí, el aire se ennegrecía con el humo de los neumáticos quemados y ya se hablaba de alzamientos en distintas guarniciones del país. La política informativa -hay quienes la llaman desinformativa de RCTV y de otros tres canales privados: Globovisión, Venivisión y Televén-indignó a los partidarios del depuesto presidente e incluso a algunos de sus opositores. «Estos canales, que supieron recoger cada imagen de las movilizaciones que llevaron a la caída de Chávez, de pronto nos están transmitiendo telenovelas, cuando todo arde», dijo Asdrúbal Gómez, un reportero gráfico. Los trabajadores de estas empresas argumentan que no pudieron cumplir su labor, debido al riesgo que les significaba salir a la calle.

Caída la noche, unos jóvenes se manifestaron frente a Globovisión. Aunque no causaron daños a personas, su actitud podía ser leída como amenazante. De cualquier forma, no se puede ignorar el papel que desempeñaron los medios ya citados, en la dinámica que provocó la caída, momentánea, de Hugo Chávez. Prácticamente desde que el día en que Hugo Chávez asumió su cargo la audiencia doméstica y también la extranjera, estuvo expuesta a una proyección caricaturesca del presidente, en la que hábilmente se seleccionaban sus conductas más estrambóticas.

Aunque el propio teniente coronel fuera en gran medida el forjador de esa imagen bananera, la veta fue sobreexplotada por los medios que, respondiendo a «ciertos intereses», se oponían a él.

El canal del Estado, Venezolana TV recuperó su señal en la tarde del domingo, después de que el efímero gobierno de Pedro Carmona, la suprimiera, en el día anterior. Tampoco se puede decir que esta casa hiciera prodigios de imparcialidad. Nada más reactivar los equipos, la estatal transformó sus estudios en una asamblea pro chavista, con el reportero Vladimir Villegas oficiando de maestro de ceremonias.

Generales, políticos y analistas. Todo el espectro de la sociedad fue desfilando por el plató... con la excepción de los opositores a Chávez. Así como los canales empresariales ignoraron la rebelión de las barriadas pobres, Venezolana TV omitió de sus transmisiones la actitud matonesca que asumieron algunos de los sectores chavistas. En ambos casos se actuó desde la creencia infantil de que basta con cerrar los ojos, para suprimir lo desagradable.

Las radioemisoras venezolanas, que son tantísimas y tienen buenos reporteros en todas partes, también fueron presa del letargo informativo. A la habitación de este enviado especial, llegaron varias llamadas denunciando saqueos y palizas en Guarenas y Maracay. No es factible que los profesionales venezolanos no las hayan recibido en mayor cantidad y con más detalles.

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