10 de diciembre 2020 - 00:00

La Sputnik V, herramienta geopolítica para Rusia

Moscú - El presidente Vladímir Putin se ha erigido desde agosto en el principal embajador de la primera vacuna contra el coronavirus registrada en el mundo, la Sputnik V, convertida también en carta geopolítica.

Los científicos occidentales calificaron el anuncio de prematuro, ya que tuvo lugar antes de que empezara la fase 3 de los ensayos clínicos a nivel masivo y de la publicación de resultados científicos. La comunidad internacional, sobre todo la occidental, también ha visto que la vacuna responde a la voluntad de Moscú de ampliar su influencia en el mundo.

Aprovechando el anuncio de Putin, que aseguró que su propia hija participaba en los ensayos de la vacuna, Moscú ha suscrito acuerdos internacionales para los ensayos clínicos (con Bielorrusia, Venezuela e India) y para la producción de su vacuna (con India, Brasil, China y Corea del Sur).

Después de los hidrocarburos, las armas y la energía atómica, a Moscú le gustaría añadir la vacuna a su arsenal de influencia económica y diplomática y asegurarse una parte del mercado de los países en desarrollo.

Pero esta primera vacuna simboliza también el mantra de la política del ocupante del Kremlin desde hace dos décadas: Rusia está de regreso.

“Es una manera que tiene de demostrar que el país es capaz de formar parte de la élite científica mundial, de hacerlo mejor que los países desarrollados”, dice la politóloga Tatiana Stanovaya, fundadora del centro de análisis R.Politik.

En 1991, tras el fin de la URSS y del Comecon (mercado común de los países comunistas), Rusia estaba prácticamente sin industria farmacéutica, por lo que durante mucho tiempo ha dependido de los países occidentales. Pero el país ha puesto en marcha un programa de sustitución de importaciones con vistas a reducir dicha dependencia.

“Las vacunas producidas en Rusia suelen ser vacunas extranjeras. En cambio, esta es una de las primeras concebidas exclusivamente en Rusia, es un orgullo nacional”, explica Jean de Gliniasty, especialista de Rusia en el instituto IRIS. “Esto simboliza el regreso de Rusia al grupo de los grandes en materia farmacéutica. Van a tratar de aprovechar el máximo de beneficios en términos del ‘soft power’ (poder blando)”, agrega este exembajador de Francia en Moscú. De hecho, el nombre dado a la vacuna muestra las intenciones. La Sputnik V, que lleva el nombre del primer satélite del mundo que puso en órbita la URSS en 1957, recuerda una proeza científica rusa y un revés histórico para el rival estadounidense.

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