Llama olímpica se apagó en medio de tumultos en París
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Desde las sonrisas iniciales hasta la desazón del atleta que
la lleva apagada en su mano, así fue el traumático paso de
la antorcha olímpica ayer por París.
Desde que el fuego de los Juegos de Pekín 2008 hubo comenzado su recorrido en la Torre Eiffel pasado el mediodía, su paso por París se convirtió en una carrera de obstáculos que obligaron a los organizadores a montarla en varias ocasiones en un autobús para poder avanzar.
La Prefectura de Policía de París confesó que en una ocasión se vieron obligados a apagar la llama por un problema técnico, pero diversos testigos aseguraron que el fuego desapareció en más ocasiones. Una información difícil de confirmar ante el caos del recorrido, abarrotado por banderas del Tíbet y rodeado de un inédito dispositivo de seguridad que apenas permitía apreciar la antorcha.
El símbolo olímpico descendió los escalones de la Torre Eiffel en manos del ex atleta francés Stéphane Diaganá, oro mundial en 1997 en los 400 metros con vallas, una metáfora del recorrido plagado de obstáculos que aguardaba a la antorcha.
Apenas abandonó la explanada de la Torre Eiffel, comenzaron los incidentes. Decenas de manifestantes trataron de acceder a la llama y se toparon con el dispositivo de seguridad compuesto de un blindaje de motos, agentes y guardaespaldas que impedían acercarse a menos de 200 metros del cortejo.
El trayecto, que inicialmente debían cubrir 80 relevistas, en su mayoría deportistas en actividad o retirados, con una discreta insignia «por un mundo mejor», también movilizó un helicóptero y barcos en el Sena, y se cerraron varias estaciones de subterráneo.
Aunque los manifestantes no lograron acceder al fuego olímpico, sí consiguieron frenarlo lanzándose al recorrido y obligando a la policía a desalojarlos por la fuerza, lo que provocó impactantes enfrentamientos. A medida que pasaba el tiempo se acumulaba el retraso, a lo que se sumaron las constantes manifestaciones de organizaciones de derechos humanos.
Especialmente activa fue Reporteros Sin Fronteras (RSF), que tiene su sede en París y que ya había interrumpido el pasado día 24 la ceremonia de encendido de la antorcha en la localidad griega de Olimpia.
Los responsables de RSF pidieron al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que «tenga en cuenta el clamor popular» y boicotee la ceremonia inaugural de los Juegos como medida de presión, reclamo al que se sumaron decenas de diputados que se manifestaron en la Asamblea Nacional al paso de la antorcha. Los parlamentarios desplegaron una pancarta en favor de los derechos humanos en China y cantaron «La Marsellesa».



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