Belén - La comunidad cristiana de Belén vive con incertidumbre el espectacular triunfo de Hamas y teme ser ahogada por la «ola verde», el color de la organización islamista. «Los cristianos manifiestan una gran inquietud ante la posibilidad de un nuevo rebrote bélico y se sienten confusos con un gobierno partidario de la ley islámica», explica el vizcaíno Justo Artaraz, de 79 años, superior de los franciscanos en Belén, que son custodios de la Basílica de la Natividad, lugar donde, según la tradición, nació Jesús.
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El misionero admite que nunca en sus 55 años de estancia en la región ha tenido un solo incidente con los musulmanes. Cree que Hamas tendrá que moderar su discurso -«De hecho ya lo está haciendo», dice- si quiere gobernar sin una oposición frontal. «Se mostraron muy humildes, nos aseguraron que respetarán nuestras convicciones religiosas e incluyeron a cristianos en sus listas. Pero su discurso puede radicalizarse a medida que se sientan más poderosos», subrayó el responsable de una comunidad formada por misioneros de diez nacionalidades.
Belén fue habitada durante muchos años por una mayoría cristiana. Pero la crisis económica provocada por la segunda intifada ( levantamiento) ahuyentó a muchos comerciantes. Hoy sólo uno de cada tres de sus 30.000 habitantes es cristiano.
Hamas y Al-Fatah se repartieron los cuatro parlamentarios de la circunscripción de Belén, aunque el primero duplicó al segundo en número de votos. Al-Fatah se benefició del sistema de cuotasfavorable a la minoría cristiana.
«Los responsables de Hamas en esta ciudad son muy moderados y no creo que se atrevan a imponer normas islámicas. Si lo hacen, pueden provocar una guerra entre los propios musulmanes», reflexionó Suzy Miquil, una joven cristiana encargada de Casa Nova, un bello albergue situado enfrente de la basílica.
Pequeños grupos de peregrinos visitan uno de los lugares santos de la cristiandad en un día lluvioso amenazado por los disparos al aire de los partidarios de Al-Fatah, disconformes con la derrota electoral. Un grupo de italianos canta el «Adeste fideles» ante la gruta del nacimiento, cuya custodia depende de diferentes confesiones cristianas.
El armenio Gregory Vardacarcian, que vive desde hace ocho años en Belén, tampoco es muy optimista: «Israel y Hamas no quieren la paz. Si se producen nuevos enfrentamientos, tendremos que cerrar la basílica».
• Posible cambio
El sacerdote salmantino Antonio Izquierdo, perteneciente a los Legionarios de Cristo, sostuvo que los partidos como Hamas «pueden cambiar cuando asumen tareas de gobierno». Vivió seis meses de 1989 en Jerusalén y está participando en un curso de renovación sacerdotal de tres semanas.
El franciscano colombiano José Jaramillo, de visita temporal, dijo que «no impondrán la ley islámica, porque sería espantar al turismo religioso, que les da muy buenos dividendos». Entre enero y agosto, 160.000 turistas, el doble que el año anterior, visitaron los lugares santos de la cristiandad, un número aún alejado de los mejores tiempos, cuando las masas se arremolinaban en la ciudad vieja de Belén o en Jerusalén.
El musulmán Sulaiman Ahmad, vendedor de baratijas, vaticinó que la nueva etapa mejorará la vida de los palestinos y hará posible una paz justa. «Estamos en la fase de las palabras salidas de tono, pero todo cambiará cuando Estados Unidos presione a Israel y la Unión Europea a Hamas», argumentó. Aseguró que nunca hubo problemas con los cristianos y llamó a otro vendedor, su amigo Najib Hanna, para demostrarlo. «Esta región desesperada necesita la paz como el campo la lluvia», explicó Najib.
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