22 de noviembre 2007 - 00:00

Lula está al borde de un ataque de nervios (por su amigo Chávez)

Luis Inácio Lula da Silva
Luis Inácio Lula da Silva
En este momento, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha puesto toda su energía -y la de la Cancillería, y la del oficialista PT (Partido Trabalhista)- en lograr que el Congreso brasileño vote a favor de la incorporación de Venezuela al Mercosur. La cuestión está trabada en Diputados, donde tanto la oposición como algunos de los aliados del gobierno se niegan a votar a favor de la propuesta. ¿El motivo? No es Venezuela, el vecino al que Brasil le exporta más de u$s 4.500 millones anuales solamente en productos manufacturados. El problema es Chávez. Sus exabruptos. Su sobreexposición pública. Los juegos del bolivariano Chávez.

«Para controlarlo, es mejor tenerlo a Chávez adentro (del Mercosur), que afuera», señalan extraoficialmente en Itamaraty, la Cancillería brasileña. De allí que tanto el presidente Lula, como el canciller Celso Amorim, como su segundo, Samuel Pinheiro Guimaraes, defiendan públicamente y a rajatabla el ingreso de Venezuela, su sistema democrático y la posible continuidad en el poder del coronel bolivariano. Ahora, en privado, se sabe que a Lula «se le acabó la paciencia para tanto chavismo o bolivarianismo» -dice «Folha de Sao Paulo» en su edición del martes 20.

No es Lula el único cansado. La prensa brasileña más influyente (el grupo Globo como los diarios de San Pablo, «Folha» y «O Estado») no esconde su rechazo y ha empezado a ventilar los trapos sucios del juego entre Lula y Chávez.

Hugo Chávez tiene la lista completa de los teléfonos directosy hasta de los celulares de los principales hombres del Planalto y de los ministerios, dice la periodista y muy buena conocedora de las bambalinas del poder en Brasilia, Eliane Cantanhêde, de «Folha». Chávez no duda jamás en llamarlos, y lo hace casi a diario, buscando hablar con Lula.

Pocas veces consigue «ligar» con el presidente brasileño, quien dio órdenes de contestar que «no puede atender, que está ocupadísimo, de reunión en reunión» pues -dice la cronista paulista- «ya se le acabó la paciencia para sus arrebatos y amenazas incumplidas». La mayor parte de las veces, el venezolano tiene que conformarse con la respuesta del embajador en Caracas, Antônio Simões, brazo derecho del canciller Amorim. Lo mismo que el Senado brasileño, acusado por Chávez de ser el «papagayo de Washington», la prensa no olvida. Hace pocos días, cuando empezaba a arreciar el debate en los medios por el ingreso o no de Venezuela al Mercosur, se pudieron conocer algunas picardías de Lula y otras reacciones de Chávez, ocurridas el 20 de setiembre pasado, durante el encuentro de ambos presidentes en Manaos. En esa ciudad, que es el principal reducto lulista del país, los encargados de ceremonial del Planalto enviaron al gobernador, al intendente y a su vice a recibir al venezolano en el aeropuerto. Chávez, muy molesto con la categoría de los funcionarios que habían ido a esperarlo, no se quiso bajar del avión y dejó que la comitivade recibimiento se derritiera durante 40 minutos bajo el sol amazónico. Luego de ese lapso de tiempo, muy fresco, el presidente de Venezuela descendió por la escalerilla del avión. Aplausos y silbidos piqueteros.   

  • «Claque»

    Parece que eso no fue todo. Según consigna el diario «Folha de Sao Paulo», para esa ocasión, el gobierno de Caracas (distante a 850 km de Manaos) patrocinó el transporte de más de cien personas que viajaron en cinco modernos ómnibus. Era la «claque» que luego aplaudió a Chávez. Y que silbó varias veces, al más puro estilo piquetero argentino, interrumpiendo el discurso de Lula. Y pidiendo, además, discutir allí mismo la demarcación de las tierras de los indígenas.

    Pero así como algunos no olvidan, otros, como el mismo Lula, prefieren ser desmemoriados. Es vital para Brasil el ingreso de Venezuela al Mercosur. Y lo es, no solamente por la importancia de una asociación energética entre ambos países y las contundentes cifras de las exportaciones brasileñas a Venezuela. Lo es, también, y así lo consigna Sergio Leo en el diario «Valor», porque «a Lula le gustaría obtener de Chávez una señal más firme en relación con un compromiso asumido verbalmente». Esto es, contar con el apoyo de Venezuela para que Brasil pueda lograr su tan anhelado sitial en el Consejo de Seguridad de la ONU.

    Sin duda, por todas estas razones es que el presidente Lula no se cansa de repetir: «Nadie va a lograr que yo me pelee con el presidente Chávez, mi amigo».
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