Mano dura: Berlusconi frena a ilegales y militariza Nápoles
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Silvio Berlusconi
En ese contexto, el gobierno aprobó treinta medidas, entre las que figuran varias contra la inmigración irregular a partir de su tipificación como delito.
También se penaliza a los italianos que cooperen con los sin papeles, ya que se confiscarán las viviendas de quienes las hayan alquilado a inmigrantes sin documentos en regla.
Las nuevas reglas alcanzan incluso a los ciudadanos comunitarios, ya que entre las normas aprobadas figura una que da más poder a los alcaldes para «una mayor verificación -según Maroni-de los requisitos exigidos a los ciudadanos comunitarios para poder residir sobre el suelo italiano».
Entre esos requisitos, figura el de que «los ciudadanos tengan ingresos adecuados para poder mantenerse y mantener a su familia y que no obligue al Estado a poner al ciudadano a cargo de la seguridad social», explicó Maroni.
El ministro declaró que tal medida está incluidaen la norma sobre libre circulación de los ciudadanos europeos y dijo que todo se hizo con «pleno y total respeto de la normativa comunitaria». La propuesta fue criticada por la oposición de centroizquierda y otros grupos por cuestiones humanitarias.
El gobierno también aprobó veinte medidas contra el crimen organizado, como la agilización del proceso para entregar al Estado los bienes confiscados a la mafia y «ponerlos a disposición de la comunidad».
A esas se añaden otras contra la delincuencia común, como la creación de agravantes para los delitos perpetrados contra personas ancianas o minusválidas.
El Consejo de Ministros tuvo también una vertiente económica, con la supresión del impuesto de bienes inmuebles para la primera casa y una reducción fiscal sobre las horas extraordinarias y las primas ligadas a la productividad.
Esas medidas tendrán un costode entre 2.700 y 2.800 millones de euros, según el ministro de Economía, Giulio Tremonti. Mientras se celebraba el Consejo de Ministros, se desarrollaron ayer en Nápoles nueve manifestaciones, unas para exigir que no se creen basureros en determinados lugares, otras de inmigrantes contra las medidas que consideran «racistas» y otras para reclamar puestos de trabajo.




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