25 de noviembre 2006 - 00:00

Multitudinaria marcha a favor de opositor a Chávez a una semana de los comicios

Manuel Rosales en su cierre de campaña (arriba). Miles de venezolanos se marcharon a favor de Rosales y contra el gobierno de Chávez (abajo).
Manuel Rosales en su cierre de campaña (arriba). Miles de venezolanos se marcharon a favor de Rosales y contra el gobierno de Chávez (abajo).
Con una multitudinaria marcha, el opositor Manuel Rosales cerró hoy su campaña electoral en la capital venezolana, en una de las últimas oportunidades para convencer a los votantes de apoyar su iniciativa de gobierno.

Cientos de miles de personas, muchas de ellas vestidas del azul que ha identificado a la campaña opositora, ondeaban banderas venezolanas y gritaban consignas contra el presidente Hugo Chávez.

A pesar de que la mayor parte de las encuestas favorece al actual mandatario, el gobernador del estado Zulia -separado temporalmente de su cargo- confía en alcanzar el triunfo en los comicios del 3 de diciembre, en los que Chávez asegura arrasará con 10 millones de votos.

"Las encuestas verdaderas, no las compradas, las encuestas dicen que dentro de unos días Venezuela tendrá un nuevo presidente para la democracia social. Y si no están conformes, que (...) vean esta otra encuesta en vivo", dijo Rosales en un discurso ante sus seguidores.

El candidato opositor, de 53 años, reiteró su promesa de distribuir la riqueza petrolera de la nación -que dijo ahora se regala a otros países- mediante una tarjeta de débito denominada "Mi Negra", para la asignación directa de recursos a cada venezolano.

Los adversarios de Chávez, un militar retirado, proyectaron que en la llamada "Gran avalancha tricolor" reunirían alrededor de un millón de personas.

Luis Rodríguez, un sacerdote católico vestido en su habitual negro al frente de la concentración, dijo que aunque la Iglesia no debía bajar a la arena política, en las circunstancias actuales del país había que hacerlo.

"Aunque no estamos en un comunismo, este presidente nos quiere llevar hacia el ateísmo y este es un país fundamentalmente católico", dijo el hombre de 43 años, que portaba un rosario y una bandera adornada con rosas rojas.

Otra señora, en silla de ruedas, aguardó paciente bajo el fuerte sol la llegada del líder opositor a la concentración, en una autopista que cruza de oeste a este la capital, que lucía tranquila como un día domingo.

"Hay que estar aquí para que Chávez se vaya. No ha hecho nada bien, por eso apoyo a Rosales", dijo María de Abreu, originaria de Portugal pero con muchos años en el país.

Los organizadores de la manifestación denunciaron que el gobierno obstruyó de diversas formas los accesos a Caracas para impedir que llegaran manifestantes de otras ciudades al acto.

En lo que se ha denominado una "guerra mediática", los medios privados -a los que Chávez ha acusado de golpistas y de dar menor cobertura a sus actos- mostraban nutridos grupos de personas en la marcha, mientras que la cadena televisiva estatal transmitía algunos de los sitios de menor concentración de personas en el encuentro.

Y así como los seguidores de Rosales acataron el llamado "Atrévete" de la consigna de su campaña, los "chavistas" ocuparon algunos sitios de Caracas como actos previos al cierre de la campaña de su líder el domingo en la capital.

"Estamos aquí defendiendo nuestro proceso, nuestra revolución", dijo Fada de García que, junto con una docena más de personas, coreaba "¡uh, ah, Chávez no se va!" en el barrio de clase media-alta Cumbres de Curumo.

Por otra parte, en una céntrica avenida de la ciudad, el gobierno organizó un "megamercado" para que los habitantes de la capital pudieran comprar con precios de oferta los ingredientes para las hallacas, un plato típico navideño, así como el pernil de cerdo.

En la "Feria Navideña de la Revolución" el gobierno dispuso de 300 toneladas de los alimentos, según dijo a Reuters el viceministro de Alimentación, Rubén Alí Cisneros.

Los asistentes tuvieron que hacer largas filas, de más de cinco horas bajo el inclemente sol. A unos no les importaba porque lo que se economizaban era mucho. Otros se lamentaban.

"Es como si estuviéramos en Cuba. Casi en la mendicidad para poder comprar comida", dijo una anciana de 75 años que después de seis horas sentada en el piso y protegiéndose del sol con un cartón, aún tenía que esperar para comprar su pernil. "Pero que no quede duda, soy chavista", agregó.

Chávez, por su parte, inauguraba simultáneamente el Metro de Maracaibo, en la capital de Zulia y bastión de Rosales. Posteriormente hizo una caravana por las calles de esa ciudad.

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