22 de junio 2005 - 00:00

Nueva ministra rescata su pasado guerrillero

Rio de Janeiro (AFP) - La nueva jefa del gabinete ministerial brasileño, Dilma Rousseff, reivindicó con orgullo su pasado guerrillero en una entrevista divulgada ayer por el diario «Folha de Sao Paulo», en la que narró también los métodos de tortura a los que fue sometida.

En tanto, durante el acto en el que asumió como ministra jefa de la Casa Civil, fue presentada por su antecesor, José Dirceu, como una «camarada de armas».

Rousseff, de 57 años, nombrada el lunes al frente del gabinete del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, se unió en 1969 a la maoísta Vanguardia Armada Revolucionaria ( VARPalmares), del guerrillero Carlos Lamarca, un capitán del ejército contrario al golpe militar de 1964.

«Teníamos una generosidad inmensa y creíamos que era posible crear un Brasil más igualitario. Yo tengo orgullo de mi generación, de que hayamos luchado y de haber participado en todo un sueño de construir un país mejor», reveló Rousseff en la entrevista, realizada en 2003 por Luiz Makluf, autor del libro «Mujeres que fueron a la lucha armada».

Por sus acciones como militante activa fue detenida el 16 de enero de 1970 y llevada a un centro de torturas de San Pablo, donde fue sometida a golpes y shocks eléctricos y colgada de pies y manos.

«Aplicaron shocks. Muchos shocks, pero de verdad, muchos shocks. Me acuerdo de los primeros días, estaba tan exhausta físicamente que me quería desmayar, no aguantaba más tanto shock. Comencé a tener hemorragias», recordó.

Durante los tres años que estuvo en prisión, Rousseff aprendió a dominar el «arte» de mentir para aplacar a sus torturadores. «Debía tener una historia.
En la relación del torturador con el torturado, la única cosa que no puede pasar es decir 'no hablo'. Si uno dice 'no hablo' en cinco minutos puede ser obligado a hablar, porque ellos saben que uno tiene algo que decir. Si uno dice 'no hablo' les entrega un arma para que te torturen y te pregunten», recordó.

Los torturadores también dejaban a los presos sin comer, desnudos, en salas manchadas de sangre en las que los ponían hasta una nueva sesión de maltratos.

«Llega un nivel de dolor en que uno desconecta, en que uno no aguanta más. El dolor tenía que ser controlado por ellos», narró.

La actual ministra se forjó en la lucha armada una reputación fuerte, que le valió que sus fiscales la conocieran como la «Juana
de Arco de la guerrilla». Pese a las torturas, no delató a sus compañeros.

Rousseff planificó junto con
Carlos Franklin Paixao de Araújo el robo de una caja fuerte que el gobernador paulista Adhemar de Barros, identificado como un símbolo de la corrupción, escondía en la casa de una amante en Rio de Janeiro, el 18 de julio de 1969.

Adentro había 2,5 millones de dólares, un récord para una acción guerrillera hasta ese entonces.

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