Nueva ministra rescata su pasado guerrillero
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Durante los tres años que estuvo en prisión, Rousseff aprendió a dominar el «arte» de mentir para aplacar a sus torturadores. «Debía tener una historia. En la relación del torturador con el torturado, la única cosa que no puede pasar es decir 'no hablo'. Si uno dice 'no hablo' en cinco minutos puede ser obligado a hablar, porque ellos saben que uno tiene algo que decir. Si uno dice 'no hablo' les entrega un arma para que te torturen y te pregunten», recordó.
Los torturadores también dejaban a los presos sin comer, desnudos, en salas manchadas de sangre en las que los ponían hasta una nueva sesión de maltratos.
«Llega un nivel de dolor en que uno desconecta, en que uno no aguanta más. El dolor tenía que ser controlado por ellos», narró.
La actual ministra se forjó en la lucha armada una reputación fuerte, que le valió que sus fiscales la conocieran como la «Juana de Arco de la guerrilla». Pese a las torturas, no delató a sus compañeros.
Rousseff planificó junto con Carlos Franklin Paixao de Araújo el robo de una caja fuerte que el gobernador paulista Adhemar de Barros, identificado como un símbolo de la corrupción, escondía en la casa de una amante en Rio de Janeiro, el 18 de julio de 1969.
Adentro había 2,5 millones de dólares, un récord para una acción guerrillera hasta ese entonces.



