16 de mayo 2008 - 00:00

Odio reina en el Bronx napolitano

Ponticelli - El odio contra los gitanos que se hizo evidente con los ataques e incendios de sus campamentos a inicios de la semana seguía latente ayer en el llamado «Bronx de Nápoles», el barrio de Ponticelli, al este de esta capital del sur de Italia.

«¡Había que quemar los campamentos con ellos adentro!», clama iracundo Pasquale, de 50 años, vendedor de flores ambulante.

Como él, la mayoría de los 55.000 habitantes de Ponticelli, célebre bastión de la mafia napolitana, detesta a los gitanos que residen allí, por lo que desataron entre lunes y martes una verdadera cacería contra los zíngaros atacándolos con bombas molotov y palazos y obligándolos a huir.

«No soportamos más a esos sinvergüenzas que tratan de robar a nuestros niños», comenta una señora de unos 60 años, al hacer alusión al intento frustrado de robo, el sábado, de un bebé de seis meses por parte de una joven gitana, lo que desató la ola de violencia.

«Eso fue la gota que rebalsóel vaso», explica uno de los policías que vigilan los campamentos abandonados desde el miércoles. «Es posible que la camorra esté involucrada en los incendios. Este barrio vive con la criminalidad desde siempre y algunos aprovecharon para cobrarle la cuenta a los gitanos y expulsarlos», comenta el agente sin dar su nombre.

El campamento está vacío, lleno de basura, con ropa aún colgada, muñecas rotas medio incendiadas, juegos desparramados por el piso y dentro de las remolques se pueden ver televisores y electrodomésticos. Las organizaciones católicas humanitarias Caritas y San Egidio, que asisten desde hace años a los gitanos, les dieron hospedaje para dormir en un escuela cercana. «Los trasladaremos luego a un lugar secreto», aseguró Salvatore Esposito, de San Egidio.

«Tengo miedo, vivo aquí desde hace años, la gente no era tan violenta antes», admite Fiore, de 16 años, un gitano proveniente de Rumania, quien juega dentro de un salón de la escuela con unos veinte niños que huyeron del campamento.

La presencia de los gitanos en la escuela desató inmediatamente la ira de los vecinos, que ya comenzaron a protestar.

«La rabia es porque la policía vigila. La gente aquí no quiere la presencia de los agentes. Esto es el mercado del 'Bronx' y se debe poder comprar de todo: armas, droga, sexo...», comenta uno de los responsables de la organización.

A la hora del inicio de la escuela, cuando los gitanos tienen que salir y los niños italianos entrar a estudiar, la policía forma un cordón de seguridad, mientras se escuchan gritos: «¡Adiós y no vuelvan nunca más!».

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