Operación Fénix: nuevo escenario para Sudamérica
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Las PGM son bombas con guiado terminal lasérico: para dar en el blanco necesita que en tierra haya un señalador de láser que ayude al avión a apuntar hacia el objetivo. Es decir, que la eficacia de esta munición depende siempre de un apoyo terrestre. Por lo tanto, en el caso del bombardeo contra el campamento de Raúl Reyes, necesariamente hubo coordinación con una patrulla terrestre que operó desde dentro de Ecuador. «Es poco probable que las fuerzas especiales colombianas tengan experiencia en ataques a blancos terrestres con munición inteligente», dice el teniente coronel (R) Carlos Doglioli. La ayuda terrestre, entonces, habría provenido de alguna « potencia extranjera».
La Fuerza Aérea colombiana, por su parte, no está equipada con munición inteligente aire-superficie (sí tienen esta tecnología las de Chile, Brasil, Perú y Venezuela). «Tampoco los turbohélice Super Tucano colombianos (aviones de origen brasileño utilizados en acciones contra la guerrilla) tienen visión nocturna, como se necesitó esa madrugada», aclara Doglioli, con lo cual nuevamente se cae en que en la Operación Fénix la munición con guiado de precisión fue lanzada desde un avión de alguna «potencia extranjera».
¿Cuál potencia extranjera podría haber ayudado a Colombia en una acción bélica contra las FARC entrometiéndose en territorio ecuatoriano? ¿Algún otro país sudamericano? ¿O los Estados Unidos, el aliado de Bogotá en el Operativo Gran Colombia contra el narcotráfico y las FARC?
De ser cierta esta posibilidad, el escenario de América del Sur, sobre todo en lo que hace a sus focos conflictivos en la Gran Colombia y en Bolivia, estaría cambiando. Radicalmente. Ojalá desde la Casa Rosada y desde el Palacio San Martín así lo perciban.




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