Palestinos y la policía israelí volvieron a enfrentarse en la Explanada de las Mezquitas
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Al menos quince manifestantes musulmanes fueron detenidos tras los incidentes en la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Por su parte, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, exhortó a Israel a "frenar sus actos de provocación".
"Jerusalén es una línea roja que no hay que franquear. Pedimos a la comunidad internacional que presione al gobierno israelí para que termine con esos actos que incendian la región", afirmó el vocero palestino Nabil Abú Rudeina.
Este domingo, en respuesta a tiros de piedras, la policía evacuó el lugar dispersando a los manifestantes con granadas ensordecedoras.
"La policía dice que los fieles tiran piedras como pretexto para atacar. Sólo quiere justificar sus crímenes", acusó Kamal Jatib, un vocero del Movimiento Islámico Arabe Israelí, organización a la vanguardia de las protestas.
La policía había reforzado el patrullaje de la Ciudad Vieja de Jerusalén a raíz de los llamados "a defender la Explanada de la Mezquitas" lanzados en los últimos días por palestinos y árabes israelíes.
Según las radios israelíes, el dispositivo de seguridad fue implementado en previsión de un acto en Jerusalén de la asociación ultranacionalista "Eretz Israel Shelanou" ("La Tierra de Israel es Nuestra").
Esa organización, apoyada por rabinos y diputados de extrema derecha, se fijó el objetivo de convencer a los judíos de "subir en orden" hacia la Explanada de las Mezquitas.
"El pueblo judío debe dirigirse al Muro de los Lamentos y al Monte del Templo para que ese sitio se convierta en un lugar de paz y serenidad y no de odio y terrorismo contra el mundo entero", explicó el dirigente de ese movimiento Yehuda Glick.
La explanada, donde se encuentran la mezquita Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, es el tercer lugar santo del islam después de la Meca y Medina.
También es el lugar más sagrado para los judíos, que lo llaman Monte del Templo.
El conflicto se reactivó a fines de septiembre, cuando los palestinos protestaron contra la intrusión en el lugar de judíos extremistas, intrusión que la policía desmintió.
Una visita a la explanada de Ariel Sharon, jefe de la oposición de derecha en aquel entonces, había desatado el 28 de septiembre de 2000, la segunda Intifada, llamada "Intifada de Al-Aqsa", que se había extendido a todos los territorios palestinos.




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