París - El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, prometió ayer que preservará la semana laboral de 35 horas y que moderará el impacto económico de los crecientes aumentos de energía. No obstante, el presidente descartó cualquier medida de austeridad y desechó el temor a que su gobierno pueda aumentar la edad de jubilación. En un esfuerzo por enfriar la temperatura política, Sarkozy -golpeado en las encuestas-descartó cualquier intento de aumentar la jornada de trabajo semanal, ignorando los llamados provenientes de su propio partido -UMP-para desechar la controvertida jornada de 35 horas introducida hace 10 años por los socialistas. «Siempre habrá una semana laboral fija, y será de 35 horas», dijo Sarkozy, cuyo lema de cara a la elección de 2007 era: «Trabaja más para ganar más». Este año, Sarkozy había calificado de «catástrofe económica» la semana laboral de 35 horas, pero ahora se muestra reacio a modificarla, en parte para evitar una confrontación con los sindicatos y también porque espera que las exenciones impositivas a las horas extras ayuden a levantar la economía.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario