PDVSA, una historia de vaciamiento
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Hugo Chávez
El ministro de Energía y Petróleo del gobierno bolivariano de Venezuela, que a su vez es el titular de PDVSA, Rafael Ramírez, quiso minimizar esta semana la alarma ocasionada por la merma en la producción y habló de una «crisis operacional» por falta de torres de exploración. Lenguaje simbólico, acaso, para referirse a una crisis originada en una falta de inversión. Optimista, anunció que en 2008 la estatal llegaría a los 3,6 millones b/d y dio a conocer las cifras de inversión. Fueron u$s 10.000 en 2007 y se destinarían u$s 15.600 a lo largo de 2008 para poder llegar a cumplir, en 2012, con los 5,8 millones de b/d prometidos a la OPEP.
Por su parte, los analistas venezolanos bajan a tierra estos números y se refieren a la cuestión de manera más pedestre: aunque le ingresen muchas divisas debido al precio actual del petróleo, PDVSA invierte poco o casi nada en la compañía porque «Chávez usa las elevadas ganancias para financiar programas sociales que sustentan su popularidad entre la mayoría pobre del país», dijo Mariana Parraga en el diario «El Universal». La petrolera venezolana se ha transformado en el último año en un polirrubro o todoterreno ejecutor de las políticas sociales, a través de sus siete nuevas dependencias: PDVSA Agrícola, Gas Popular, Servicios, Industrial, Ingeniería y Construcción, Naval, y Desarrollo Urbano. No se conocen aún los guarismos de 2007, pero en 2006 PDVSA destinó u$s 13.800 millones sólo a programas de desarrollo social.
No demasiado lejos del rojo deben andar las cuentas de la petrolera estatal, pues está desesperadamente buscando hacer caja. A partir del 1 de enero rige la exigencia de que los clientes paguen a PDVSA los envíos de crudo a los ocho días (la norma en la industria es cancelar a los 30 días). A su vez, pidió a CITGO (las refinerías y estaciones de servicio que la venezolana tiene en EE.UU.) que le adelante u$s 3 mil millones a cuenta de futuros embarques y dividendos. Para completar el cuadro, en la cúpula de PDVSA debaten cómo lograr financiar la difícil explotación de la Faja del Orinoco (de donde la brasileña Petrobras se retiró hace poco). La extracción del crudo extrapesado como es el de la Faja significa un negocio de alto riesgo y, por lo tanto, es atractivo para pocos. Con un potencial inmenso -se habla de que podría producir al menos 500 millones de b/d- no está lista aún la certificación de esas posibles reservas. Mientras tanto, la OPEP presiona a Venezuela para que no distraiga recursos fuera de la industria petrolera.
Por las dudas, y mientras tanto también, el presidente Hugo Chávez, siempre bien dispuesto a los grandes anuncios, ya dijo esta semana que para fines de 2009 Venezuela podrá mostrar reservas certificadas de 313.000 millones de barriles. Que serán, por supuesto, las mayores del mundo.



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