Polémico: cárcel a periodista en EE.UU. por no revelar fuentes
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La periodista Judith Miller, ayer, al ingresar en la corte federal del distrito de Columbia. Según el juez, la cárcel la hará recapacitar para revelar qué fuente le dio una información.
«Si no se puede confiar en los periodistas para mantener la confidencialidad, entonces no puede haber prensa libre. Realmente es para asustarse cuando se puede enviar a prisión a los periodistas porque hacen su trabajo de manera eficaz», explicó Miller.
Sugestivamente, el nombre de Plame terminó en la prensa en julio de 2003, poco después de que su esposo, el ex embajador Joe Wilson criticara públicamente los argumentos del gobierno de Bush para invadir Irak, a quien acusó en una columna publicada por «The New York Times» de mentir por haber declarado que Saddam Hussein había comprado uranio en Níger para hacerse de una bomba atómica.
En un hecho que da un toque irónico al polémico caso, Miller es conocida en EE.UU. como una de las principales difusoras de la teoría de que Saddam tenía armas de destrucción masiva.
De todas maneras, y curiosamente, Miller no llegó a escribir una historia sobre Plame, como sí lo hizo Cooper. Es más, el reportero de «Time» publicó su nota -en la que señaló el nombre de Plame-después de que el columnista Robert Novak fuera el primero en destruir la cobertura de la agente secreta.
Novak -considerado un periodista conservador, cercano a las posiciones del gobierno-no fue procesado, presumiblemente por haber confesado la identidad de su fuente.
Tal como había adelantado, Miller se negó una vez más a dar a conocer el nombre de su fuente y ahora corre el riesgo de ser condenada a hasta cuatro meses de prisión por no colaborar con la Justicia en una investigación criminal. Cooper, en cambio, presentó un relato dramático de los hechos que lo llevaron a decidir prestar testimonio.
El reportero dijo que en la noche del martes abrazó a su hijo pequeño y le advirtió que posiblemente podría dejar de verlo por un tiempo, si es que terminaba en prisión. Pero -siguió- en la mañana de ayer recibió una llamada de su fuente, quien lo relevó del compromiso y le dio luz verde para identificarlo ante la Justicia.
La semana pasada, los directivos de «Time» habían aceptado entregar al tribunal las notas y los mensajes de correo electrónico de Cooper, medida por la cual el periodista se declaró «desilusionado» con sus jefes.
Incluso «The New York Times» criticó duramente a «Time» por considerar que había cedido en su defensa de la libertad de prensa.
En esta historia se destaca la figura de Karl Rove, el máximo estratega político de la Casa Blanca, un funcionario clave en el gobierno Bush, blanco de rencores y desprecio de parte de la oposición demócrata.
Rove conversó con Cooper después de conocerse las críticas de Wilson y antes de que se publicara la columna de Novak, pero su abogado, Robert Luskin, asegura que el asesor de Bush no fue el responsable de acabar con la carrera de Plame, un hecho que muchos en Washington consideran una «venganza» contra Wilson.
• Preocupación
Pese a ello, el nombre de Rove aparece en varios correos electrónicos enviados por «Time» al juez. Según reveló la revista «Newsweek», existe una «preocupación creciente» en la Casa Blanca por el avance de la investigación, que, si hace blanco en Rove, asestaría un durísimo golpe a Bush.
Durante el proceso se recibió el testimonio de Bush, su vice, Dick Cheney, el propio Rove y del entonces asesor legal de la Casa Blanca, Alberto Gonzales, hoy fiscal general.
«Los periodistas no pueden prometer confidencialidad total a sus fuentes», argumentó el fiscal de la causa, Patrick Fitzgerald, durante la causa.
«Hoy es un día muy triste -dijo por su parte Cooper en una improvisada rueda de prensa a la salida del aula judicial-, no sólo para los periodistas sino para todo el país.»
Según Cooper, «es triste cuando dos periodistas que simplemente estaban haciendo su trabajo, tratando de mantener las confianzas y reportando historias importantes terminan enfrentando la perspectiva de ir a prisión».




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