Postales de la tragedia en el paraíso perdido
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La ola que engulló este complejo medía 10 metros de altura y golpeó la costa a 500 kilómetros por hora, tumbando como fichas de dominó grandes hoteles de lujo y pequeños bungalós. Del lujoso hotel Sofitel quedan cuatro muros en pie. La empresa francesa Accor, dueña del establecimiento, asegura que todavía no ha podido localizar a medio millar de clientes, muchos de ellos niños.
Los servicios de rescate no buscan supervivientes; no hay esperanza. Phillip Thomas Soghlan, miembro retirado del Equipo de Rescate Internacional Británico, se encontraba en Bangkok cuando escuchó la noticia del desastre y tomó el primer vuelo a Phuket para tratar de ayudar a los inexpertos y mal equipados servicios tailandeses. El sabe mejor que nadie que su trabajo sigue teniendo sentido. «¿Y el derecho de la gente a reunirse con sus muertos y decirles adiós?», dice. «He estado en los terremotos de Turquía, Japón y la India y siempre pensabas que alguien podría haber sobrevivido. Aquí es imposible porque estamos hablando de algo mucho más destructivo, una muralla de agua imparable», agrega Soghlan.
En la completamente arrasada isla de Phi Phi, en la provincia de Krabi, Kriangsak Sriphet dirigía un equipo de voluntarios a través de callejuelas turísticas donde no queda nada en pie. El constante hallazgo de cadáveres de jóvenes mochileros vistiendo todavía sus vaqueros y chicas en bikini es la peor de las noticias para los miles de padres que siguen buscando a los suyos.




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