De continente desahuciado y olvidado, Africa pasó a ser ahora la niña bonita y mimada. Además de privilegiada geopolíticamente con una cuádruple circunvalación marítima, por el Mediterráneo, el Atlántico, el Indico y el Mar Rojo, tiene un potencial energético hasta ahora insospechado. De allí que, por sus reservas petrolíferas y minerales, sea pretendida por muchos y disputada entre dos poderosos: China y EE.UU. Tanto que el Pentágono creó el Africom, un mando militar regional cuyos principales objetivos serán «la prevención de conflictos y las operaciones humanitarias y de entrenamiento».
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¿Qué cualidades hacen a Africa tan atractiva? No sólo tiene más reservas energéticas que toda América del Norte sino que EE.UU. es su primer comprador, seguido, claro, por China. Pero además, en el continente negro se halla un tercio del uranio, la mitad del oro, y 90% del cobalto y platino del mundo.
¿Se repite entonces una nuevacarrera por Africa, semejantea la que a fines del siglo XIX instalara el canciller alemán Otto von Bismarck? Sin duda. Aunque en el primer reparto de Africa, fueron las potencias europeas, necesitadas de materias primas agrícola-forestales, las que dibujaron un mapa colonial que prosperó hasta la Primera Guerra Mundial. En la carrera actual, en cambio, ya están instalados otros factores, además de China y EE.UU.
En gran parte de los 53 países africanos, la falta de presencia del Estado y guerras tribales endémicas -a veces interestatales- expandieron las zonas de desgobierno o «tierras de nadie», espacio aprovechado por el terrorismo islámico yihadista, que desde el norte del continente está ampliando su influencia hacia el Atlántico. EE.UU., que considera como prioridad nacional su seguridad energética (aun fuera de su país), ve con temor la desestabilización de Nigeria y Angola, las dos potencias petrolíferas ubicadas en la «panza» de Africa occidental. Si a esto se le agrega la inmigración caribeña que importó a las Guineas y Angola las prácticas narcoguerrilleras y piratas, el «coctel» de inseguridad presenta una mezcla explosiva.
Alarma
Angola, con reservas de 9.000 millones de barriles y Nigeria, con 36.200 millones de barriles de petróleo liviano (allí ya operan Shell, Exxon y Chevron) dieron la voz de alarma. El presidente de Nigeria, Umaru Yar'Adua pidió a Washington que instale en el Golfo de Guinea una fuerza de protección para las instalaciones energéticas (en su mayoría, plataformas offshore), que últimamente han sido objeto de sabotaje y atentados.
Ante este panorama, EE.UU. anunció que el Africom entrará en funciones el 1 de julio ( comienzo del año fiscal 2009) y en operaciones el 1 de octubre. En un principio se pensó instalar la base de este comando en Liberia o en alguno de los estados isleños del Golfo de Guinea (Santo Tomé, Príncipe o Guinea Ecuatorial) pero un fortísimo temor en toda Africa de que EE.UU. iniciase un control desmedido desde bases permanentes y mediante envío de tropas de ocupación, hizo desistir de la idea.
Por ahora, el Africom seguiráinstalado en Stuttgart, Alemania, sede a su vez del Comando Europeo de las FF.AA. norteamericanas. Mientras tanto, el Pentágono ya hizo los deberes para descomprimir el clima de suspicacias y temor frente a su presencia en territorio africano: designó comandante al general William «Kip» Ward -afroamericano, general de 4 estrellas, con experiencia en Somalia y los Balcanes y sólidos contactos políticos en Washington-, y de segunda, a una diplomática mujer, la embajadora Mary Yates.
El general Ward acaba de decir que el Africom, con 1.300 oficiales, permitirá al Pentágono «combinar, bajo un mismo techo, las actividades de otros dos comandos, el Europeo y el Central de los EE.UU., que hasta ahora vienen supervisando Oriente Medio y el Cuerno de Africa».
Algunas fuentes señalan que el Pentágono no descartaría llevar la base del Africom a la costa Este norteamericana. Más exactamente, al estado de Florida. Allí no sólo está la base aérea de McDill sino que tiene sus «headquarters» la recién reinstalada Cuarta Flota, encargada de la supervisión del Caribe hasta el Atlántico Sur, el océano que baña las costas tanto de Africa como de América del Sur.
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