15 de enero 2008 - 00:00

Preocupan a Brasil guerrilleros en fuga

No hace falta calzarse borceguíes, vestirse de verde-oliva y sobrevivir al sopor y a los mosquitos de Villavicencio en Colombia para sentir la adrenalina de estar cerca de las FARC. Basta con ir a Manaos, la legendaria capital del caucho, que hoy representa el cuarto PBI de Brasil y que puede lucir, además, un inquietante récord: es la ciudad que acoge la mayor cantidad de refugiados políticos. Son cerca de 15.000, según las últimas estimaciones, y casi todos provienen de la vecina Colombia. Ex miembros de las FARC, paramilitares y narcotraficantes, además de simpatizantes de los diversos grupos guerrilleros. La «barrida» anti-FARC de Alvaro Uribe ha sido efectiva. Pero viene empujando a los narcos y las guerrillas fuera de Colombia.

De acuerdo con datos del gobierno de Bogotá, durante 2007 el Ejército colombiano mató a 1.731 miembros de las FARC y capturó a 5.225 -entre guerrilleros y simpatizantes-. Desmanteló 886 laboratorios de cocaína y arrasó con 1.968 campamentos guerrilleros. Como consecuencia de estas razzias, 1.403 personas se entregaron voluntariamente a los uniformados -30 en la última semana-. Muchas otras, en cambio, se apuraron a cruzar la frontera.

La ONU calcula que ya hay 200.000 colombianos en Ecuador, donde las poblaciones se encuentran cerca de la frontera. En lo que se refiere a Brasil, este organismo cree que se queda corto al estimar 15.000 refugiados en Manaos, ya que los colombianos se hacen pasar por argentinos para no sufrir la discriminación y la represalias que provoca su origen entre los locales.

Tampoco la ONU puede aproximar datos fehacientes sobre aquellos que se esconden en la selva amazónica, área difícil para relevar por el vacío demográfico que presenta en su enorme e impenetrable extensión. Muy probablemente la cantidad de colombianos en Brasil se esté acercando a los que ya están en Ecuador.

«No dejan trazo, están en continuo movimiento, son indocumentados y, para peor, pertenecen a las mismas etnias indígenas que los efectivos encargados de los puestos fronterizos», se queja un oficial brasileño apostado en la frontera con Colombia.

  • Río

    El gran colador que permite filtrar colombianos hacia Brasil es el río Negro, que nace en Colombia y confluye con el Amazonas a la altura de Manaos. Los colombianos que deciden dejar su país por temor al Ejército o a las propias FARC lo remontan, lo cruzan y lo vadean continuamente en los casi 900 kilómetros de travesía hasta la ciudad del caucho. Pero antes, el Negro se tuerce en un gran codo a la altura de la triple frontera (Brasil, Colombia y Venezuela). En ese nudo fronterizo es donde hoy vale todo.

    Del lado brasileño, la ciudad de Sao Gabriel de Cachoeira (34.000 habitantes, de los cuales 85% es indígena) está acostumbrada a recibir gente de afuera. Con más de 1.200 islas, es el paraíso para los pescadores deportivos que la visitan en temporada. Aunque en Sao Gabriel también confluyen a diario los contrabandistas o «mulas» que cruzan a pie o en embarcaciones desde Colombia. O las avionetas que descargan bultos y que rápidamente remontan vuelo para hacerse invisibles otra vez en la selva. Narcotráfico, contrabando y tráfico de armas, desde un lado. Aprovisionamiento de comida y de químicos para los laboratorios clandestinos, desde el otro.

    Los colombianos que cruzan a Brasil tienen «escrito en la frente un cartel con la palabra 'FARC'», dicen en el pelotón de 60 hombres del Ejército brasileño que custodia el puesto fronterizo. Saben que provienen de San Felipe, un poblado colombiano a unos escasos 30 kilómetros. San Felipe fue un bastión de las FARC hasta hace pocos años, cuando las tropas regulares enviadas por Uribe lo convirtieron en un pueblo fantasma. Sus ex habitantes son los que hoy van y vienen por la triple frontera. Cruzan sin armas y vestidos de campesinos, y frente a ello poco pueden hacer las autoridades de Brasil.

  • Droga

    Pero lo que realmente preocupa a los brasileños es que las compras y transacciones en Sao Gabriel están dejando de hacerse en metálico. «Se paga ahora en droga y es una señal de que ya habría laboratorios dentro de nuestro territorio, para transformar la pasta de coca en cocaína», dice el general Antonio Mourao, comandante del Ejército en el alto río Negro.

    En el Ministerio de Defensa de Brasil existe ya un plan estratégico para reestructurar el Ejército en la frontera norte del estado de Amazonas. Para fines de 2011 ya se habrán creado siete nuevas unidades en la región, con 5.000 hombres reclutados localmente y con entrenamiento especial. Debido a la velocidad con que se transforma la situación en la frontera con Colombia, ya se están transfiriendo tropas desde Rio Grande Do Sul, San Pablo y Rio de Janeiro, además de un pelotón de Policía del Ejército (PE) y otro de Comunicaciones.
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