"Quiero vengarme y matar a diez rusos"
Se las conoce como «viudas» o «vírgenes negras». Son las mujeres kamikaze del independentismo terrorista checheno, cuyo rol fue protagónico en la sangrienta toma de una escuela en Osetia. Aquí, el relato de una joven cegada por el deseo de venganza y que aspira a combatir a Rusia entregando su vida.
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«Me preguntas por qué quiero hacer esto. Porque es algo que no puede hacer cualquiera. Perdí a mi hermano. Lo atraparon los federales en una redada. Conozco a los rusos que vinieron a mi casa a hacer la redada. Sé donde viven...»
Mete sus dedos largos y delgados en los agujeros de las balas. «Tengo más hermanos y hermanas. Pero la desgracia ha entrado en nuestra casa. Una desgracia que han experimentado casi todas las familias chechenas en esta segunda guerra. Algo tremendamente duro.» Y casi como un susurro anuncia: «Eto otchen tijiloh ('quiero vengarme'). He trabajado y estudiado como todas las demás chicas de mi edad, pero ahora he perdido las ganas de vivir. Tengo siempre en mi mente la imagen de mi hermano. Y cuando veo a mi madre y a mis hermanas más pequeñas llorar, me siento muy mal. Y cuando veo a los soldados rusos, siento ganas de quitarles la piel a tiras con mis propias manos. Es horrible, pero eso es lo que siento. Quiero vengarme».
Para cumplir su deseo de venganza, hizo llegar la información a la resistencia a través de unos amigos que están en contacto con ella. Una información según la cual se presentaba como candidata a un atentado suicida. Y le respondieron favorablemente.
• Morir y matar
«Vivir aquí es ver cómo pasan los días, sin vivirlos realmente. Existes, sin pensar en el mañana. Quiero morir y matar al mayor número posible de soldados rusos. Al menos diez.» Es la venganza absoluta. La chica recorre con la vista la lista de preguntas y se detiene en otra: «¿Tienes miedo de ser denunciada?». «No. No tengo miedo de ser denunciada. Nadie está al tanto. Ni siquiera mi madre o mis hermanas menores. Esto es algo difícil de explicar. Es mi hermano al que han matado. Me sentiré mucho mejor en la otra vida que en ésta. Cuando haya muerto, sabré que habré vengado a mi hermano», dice.
La kamikaze, de 21 años, cuenta que su prima, de 19, caminaba por la calle, cuando fue detenida por los militares. «Fue violada, fusilada y arrojada a una alcantarilla. No se puede seguir viviendo en esta república.» Y eso que, aunque las jóvenes detenidas son sistemáticamente violadas, nunca lo confiesan. En esta sociedad, la pérdida de la virginidad es una vergüenza que sólo se repara con la muerte. Es lógico que, habiendo muchas chicas en esta situación, algunas puedan pensar en la muerte en nombre de la causa nacional. «¿Hay muchas chicas como tú, candidatas a kamikaze?» «Sí, muchas. Quieren hacerlo, pero no se deciden. Yo estoy decidida y no tengo miedo.»




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