6 de septiembre 2004 - 00:00

"Quiero vengarme y matar a diez rusos"

Se las conoce como «viudas» o «vírgenes negras». Son las mujeres kamikaze del independentismo terrorista checheno, cuyo rol fue protagónico en la sangrienta toma de una escuela en Osetia. Aquí, el relato de una joven cegada por el deseo de venganza y que aspira a combatir a Rusia entregando su vida.

Grozni, en lo que queda del centro de la ciudad. Estoy esperando en una oficina a un hombre. De pronto, entra. Es alto, delgado, rubio. Tiene los ojos enrojecidos, como si hubiese fumado o bebido. Bajo, sumida en la oscuridad y seguida de mis dos amigas chechenas, y noto que no están tranquilas, porque no lo reconocen. Afuera, un coche nos espera. «La chica kamikaze está dispuesta a hablar contigo. Pero tienes que ir sola. Sin intérprete. Ningún checheno debe verla.» Me invita a sentarme en el asiento delantero y cierra la puerta.

En el interior del coche de cristales ahumados reina la oscuridad. Al volante, una silueta felina, vestida de negro. Me cruzo con sus ojos nerviosos y le doy las gracias por haber querido verme.

• Primera visión

La chica deja encendida la radio, con canciones estilo Kylie Minogue, un poco desfasadas. Enciendo la luz del interior del coche y veo, por primera vez, su cara. No lleva el «hijab» o velo islámico, sino una simple diadema negra con dibujos de hojas de otoño que recogen sus rizos cortos. Es muy bella. Ojos gris-azulados grandes y llenos de pasión, piel de leche y boca con grandes labios bien diseñados. Parece una universitaria feliz y sexy. Enciendo el grabador.

«Me preguntas por qué quiero hacer esto. Porque es algo que no puede hacer cualquiera. Perdí a mi hermano. Lo atraparon los federales en una redada. Conozco a los rusos que vinieron a mi casa a hacer la redada. Sé donde viven...»


Pasaron dos años desde que su hermano detenido fue fusilado por los militares. «El no luchaba, no hacía nada», dice ella, que se cruza a diario con sus asesinos en el barrio. Y ellos son su objetivo: una venganza con un blanco bien definido. «No voy a dañar a la población civil. Los civiles no tienen culpa de nada. Yo soy civil, como todos los demás», explica.

Los soldados sólo le devolvieron una prenda de su hermano. «Te la voy a mostrar», dice con voz dulce. «Tiene 24 balas de Kalasnikov. Los rusos me la entregaron todavía goteando sangre fresca. Y me pidieron 10.000 dólares por ella. Pedí ayuda, pero no conseguí ni información ni el cadáver. Me dijeron: 'Si quieres encontrar el cadáver, busca en las cunetas o en las cloacas'. Así fue como pasó...»

Mete sus dedos largos y delgados en los agujeros de las balas. «Tengo más hermanos y hermanas. Pero la desgracia ha entrado en nuestra casa. Una desgracia que han experimentado casi todas las familias chechenas en esta segunda guerra. Algo tremendamente duro.» Y casi como un susurro anuncia:
«Eto otchen tijiloh ('quiero vengarme'). He trabajado y estudiado como todas las demás chicas de mi edad, pero ahora he perdido las ganas de vivir. Tengo siempre en mi mente la imagen de mi hermano. Y cuando veo a mi madre y a mis hermanas más pequeñas llorar, me siento muy mal. Y cuando veo a los soldados rusos, siento ganas de quitarles la piel a tiras con mis propias manos. Es horrible, pero eso es lo que siento. Quiero vengarme».

Para cumplir su deseo de venganza, hizo llegar la información a la resistencia a través de unos amigos que están en contacto con ella. Una información según la cual se presentaba como candidata a un atentado suicida. Y le respondieron favorablemente.

• Morir y matar

«Vivir aquí es ver cómo pasan los días, sin vivirlos realmente. Existes, sin pensar en el mañana. Quiero morir y matar al mayor número posible de soldados rusos. Al menos diez.» Es la venganza absoluta. La chica recorre con la vista la lista de preguntas y se detiene en otra: «¿Tienes miedo de ser denunciada?». «No. No tengo miedo de ser denunciada. Nadie está al tanto. Ni siquiera mi madre o mis hermanas menores. Esto es algo difícil de explicar. Es mi hermano al que han matado. Me sentiré mucho mejor en la otra vida que en ésta. Cuando haya muerto, sabré que habré vengado a mi hermano», dice.

La kamikaze, de 21 años, cuenta que su prima, de 19, caminaba por la calle, cuando fue detenida por los militares. «Fue violada, fusilada y arrojada a una alcantarilla. No se puede seguir viviendo en esta república.» Y eso que, aunque las jóvenes detenidas son sistemáticamente violadas, nunca lo confiesan. En esta sociedad, la pérdida de la virginidad es una vergüenza que sólo se repara con la muerte. Es lógico que, habiendo muchas chicas en esta situación, algunas puedan pensar en la muerte en nombre de la causa nacional. «¿Hay muchas chicas como tú, candidatas a kamikaze?» «Sí, muchas. Quieren hacerlo, pero no se deciden. Yo estoy decidida y no tengo miedo.»

Dejá tu comentario

Te puede interesar