Londres (ANSA) - Con la renuncia de Robin Cook como ministro para las Relaciones con el Parlamento, el gobierno británico de Tony Blair comenzó a pagar el precio político por su activa participación a favor de un ataque a Irak. A él se podría sumar la ministra de Cooperación Internacional, Clare Short, que anoche estaba considerando su dimisión.
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«No puedo aceptar la responsabilidad colectiva de mandar a Gran Bretaña a la guerra sin el consenso internacional o el apoyo del país», argumentó el funcionario saliente. Cook no participó en la reunión de gobierno convocada ayer por Tony Blair. Informate más
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