Rousseff condenó la violencia, pero recibirá a los líderes de las manifestaciones
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Dilma Rousseff.
Rousseff afirmó que es "la presidenta de todos, los que se manifiestan y los que no", indicó que el "mensaje de cambio" que "viene de las calles es directo" y reiteró que debe ser escuchado, así como había dicho el pasado martes, cuando se refirió por vez primera a las movilizaciones.
Asimismo, subrayó una propuesta que ha enviado al Congreso en la que plantea que el 100 por ciento de las regalías que generen las riquezas petroleras atesoradas en aguas profundas del Atlántico sean destinadas a la educación, uno de los sectores en el que los manifestantes exigen mejoras inmediatas.
Según la mandataria, "si se aprovecha bien el impulso de esta energía" que transmiten las manifestaciones podrán "hacer mucho de lo que Brasil aún no ha hecho por problemas económicos o políticos".
La presidenta se refirió al rechazo que los manifestantes han expresado por la política tradicional y aunque admitió que las formaciones partidarias y la política en general necesitan ser "oxigenadas", a su juicio no pueden dejar de existir.
"Ningún país puede prescindir de partidos ni del voto popular", afirmó Rousseff, quien volvió a pronunciarse en favor de una reforma política que "permita a los ciudadanos fiscalizar mejor a todos sus gobernantes".
También se refirió a la Copa Confederaciones, ensayo previo al Mundial de fútbol y que se celebra actualmente en Brasil, la cual ha sido blanco de las protestas por el elevado gasto público en un evento organizado por la FIFA.
Explicó que el dinero aportado por el Gobierno sólo supone una "financiación" para las empresas que construyeron los estadios y que será devuelto.
"Jamás permitiría que esos recursos salieran de las arcas del Gobierno", garantizó la presidenta, quien recordó que Brasil es el único país que ha ganado cinco mundiales y ha estado representado en todos los disputados hasta ahora.
"Brasil siempre fue muy bien recibido en todas partes. Debemos ahora darle a los pueblos hermanos la misma recepción, con respeto, cariño y alegría", apuntó Rousseff, quien reiteró su convicción de que, el año próximo, el país "hará un gran Mundial".



