4 de enero 2021 - 00:01

Asume el nuevo Congreso con una dura puja por el control del Senado y el show final de Trump

Esta semana se elegirán dos miembros clave para la Cámara alta en Georgia y tanto el presidente saliente como Biden movilizan sus aparatos. Los legisladores fieles al primero, que sigue sin admitir su derrota, amenazan con manchar la confirmación del entrante en el Capitolio.

DEBUT. El Congreso de Estados Unidos vuelve a sus tareas con una nueva composición que podría incluso variar cualitativamente si los demócratas dan el golpe esta semana en los comicios de Georgia.


DEBUT. El Congreso de Estados Unidos vuelve a sus tareas con una nueva composición que podría incluso variar cualitativamente si los demócratas dan el golpe esta semana en los comicios de Georgia.


Washington - El nuevo Congreso de Estados Unidos asumió ayer sus funciones en medio de un ambiente expectante por una semana en la que se jugará la definición de la mayoría en el Senado y se espera una sesión agitada el próximo miércoles, que debe sellar la victoria del presidente electo Joe Biden.

El demócrata Biden, de 78 años, podrá contar con la mayoría en la Cámara de Representantes (baja), cuyos 435 miembros juraron ayer.

En el Senado, la historia es otra, ya que la definición está supeditada a dos elecciones que tendrán lugar mañana en el estado de Georgia (sur), y en las cuales los demócratas deben vencer en ambos escaños –algo considerado difícil– para recuperar el control de esa cámara.

Prueba de lo mucho que está en juego es que tanto el presidente saliente, Donald Trump, como el electo, Biden, visitarán hoy ese estado. También lo harán sus respectivos números dos: Mike Pence y Kamala Harris.

Harris, que el 20 de enero se convertirá en la primera mujer y representante de una minoría en acceder a la vicepresidencia, viajó ayer a Savannah con el fin de motivar el voto entre la población negra, cuya movilización es clave.

“Solo tenemos unos días para hacer todo lo posible para volver al Senado”, tuiteó Biden el fin de semana, llamando a sus partidarios a arremangarse en la recta final.

En las últimas semanas, Trump también tuiteó mucho sobre Georgia, aunque menos para apoyar a los candidatos de su partido que para denunciar sin pruebas “fraudes masivos” que, según él, lo privaron de la victoria en este estado tradicionalmente republicano.

Según analistas, eso podría complicar al oficialismo saliente: convencidos de la existencia de fraude, los votantes republicanos podrían verse tentados a quedarse en casa. Sin embargo el “Grand Old Party” cuenta con un mitin del presidente para movilizarse y agitar el fantasma de un Gobierno inclinado hacia la izquierda si son derrotados.

Dos meses después de las elecciones, Trump todavía se niega a conceder la derrota. A pesar del rotundo fracaso de su cruzada judicial y la falta de pruebas contundentes, logró sembrar dudas en las mentes de la mayoría de sus partidarios, que prevén hacerse escuchar este miércoles en Washington.

Manifestaciones, incluyendo una “marcha por Trump”, coincidirán con una sesión del Congreso destinada a registrar formalmente el triunfo de Biden, confirmado por el voto de 306 delegados contra 232 en el Colegio Electoral.

Esta acción del Congreso es una obligación constitucional y es normalmente una formalidad, pero que este año promete ser explosiva.

Aunque algunos pesos pesados republicanos como Mitch McConnell admitieron finalmente el triunfo de Biden, el presidente saliente mantiene el apoyo inquebrantable de docenas de legisladores en ambas cámaras, que ya anunciaron que expresarán sus objeciones y harán resonar las acusaciones de fraude electoral en el Capitolio.

Su intervención no tiene posibilidades de hacer fracasar la sesión –no les alcanzan los votos para eso–, pero sí pueden entorpecerla o demorarla.

En última instancia su actitud puede complicar la misión prioritaria de Biden de “reconciliar” a Estados Unidos más allá de las rencillas partidarias.

Su relevancia dependerá en gran medida de lo que suceda en Georgia.

En los papeles, los senadores republicanos David Perdue, de 71 años, y Kelly Loeffler, de 50, son los favoritos para retener sus bancas. El primero ganó en la primera vuelta y la segunda debería beneficiarse de los votos de otro conservador. Pero sus oponentes demócratas, Jon Ossoff, un productor audiovisual de 33 años, y Raphael Warnock, un pastor negro de 51 años, apuestan al impulso creado por la victoria de Biden en noviembre para dar el batacazo.

“Vamos a hacer historia”, dijo Ossoff a unas pocas docenas de simpatizantes el sábado en la pequeña ciudad de Eatonton, en medio de una zona rural donde los afiches pro Trump siguen siendo legión.

“Cualquier cosa puede pasar, cualquier cosa puede cambiar”, dijo entusiasmada Patricia Ann Little, de 59 años, que vino a verlo. “Realmente creo que podemos hacerlo.”

Mientras el republicano David Perdue cumple cuarentena debido a un caso de covid-19 en su círculo íntimo, los demás candidatos se han dedicado a recorrer el vasto estado para luchar por cada voto.

Si los dos demócratas fueran elegidos, el Senado quedaría con 50 legisladores por bando. Según la Constitución, la vicepresidenta Harris tendría entonces el voto decisivo.

Si fracasaran, Biden tendría que convencer a los senadores republicanos más centristas en cada proyecto de ley o nominación que envíe al Congreso, lo que limitaría su margen de maniobra.

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