13 de enero 2006 - 00:00

Sí, Miguel Bosé atrae votos

Santiago (enviado especial) - Esta ciudad vivió ayer un día frenético de campaña, el último antes de una veda electoral rígida. En Providencia, un barrio de clase media acomodada a unos 20 minutos del centro de la ciudad, los simpatizantes de Sebastián Piñera fueron temprano a la mañana los primeros en copar las esquinas con afiches que aseguran que «Chile quiere más» en sus banderas, sus panfletos y sus prendedores.

En la esquina de Av. Providencia y Lyon, donde suelen convivir militantes de uno y otro sector, la única presencia de Michelle Bachelet era a través de unos grandes carteles que la prenunciaban: «Presidente. Por Chile. Por la gente».

Una señora mayor, que se definió como « dirigente de Renovación Nacional», demostraba que hasta la gente de edad y buen pasar debió salir a la calle a hacer campaña en las horas finales. «¿Usted viene de la Argentina? No sé si allí los distintos partidos hacen campaña en los mismos lugares. Aquí sí, al menos en una zona como ésta, de gente consciente de que las elecciones no se ganan a puñetes», dice.

• Exitoso

Antes de llegar a la boca del subte, tres hombres de traje comentaban con tono indignado: «¿Quién va a ir hoy a escuchar a la Bachelet? Los que estén ahí van a escuchar a Miguel Bosé». Algo extrañado de que Bosé sea un ganador de votos, este enviado traba conversación. «Es que aquí es un hombre de tremendo éxito que, además, directamente vuelve locas a las mujeres», explica uno de ellos, de llamativo parecido con el candidato de sus simpatías. Parecido físico y conceptual, al menos en lo que hace a los argumentos para menospreciar como un mero «recital» el acto de cierre de la pediatra socialista.

Aunque quien esto escribe realmente no imaginaría al cadencioso Bosé levantando votos y suspiros femeninos en la Argentina, las cosas aquí parecen funcionar de ese modo.

¿Será que la apelación al sex symbol de las chilenas demuestra una obsesión de la oficialista por el voto femenino, algo acaso superfluo dado su carácter de mujer y su permanente apelación publicitaria haciendo eje en la cuestión? En caso de que sea así, no se explica por qué sus afiches y avisos no hablan de
«Bachelet 'presidenta'», neologismo ya aceptado hasta por la adusta Real Academia Española. Ella misma lo explicó, divertida: «Es que ' presidente' no rimaba con el 'se siente, se siente'».

Si de suspiros se trata, Piñera también tiene lo suyo. Hay que ver el fervor de las mujeres por abrazarlo (a pesar de la permanente compañía de su atractiva esposa) en sus apariciones de campaña y la sorpresa de los diarios locales por el hecho de que más de un hombre también lo salude con un beso.

Para desmentir también que lo suyo sea sólo para mujeres, Bachelet recibió ayer el espaldarazo de un centenar de hombres notorios, entre ellos artistas, intelectuales, políticos. Uno que se destacó en el «hombrerazo» fue el ex juez
Juan Guzmán, un ex pinochetista -«converso», aclara- que fue el primer magistrado que osó procesar al ex dictador. «Nunca había desayunado con tantos hombres», se divirtió ella, confiada por los datos de las últimas encuestas. Otro de los presentes fue el best seller Antonio Skármeta.

• Actuación polémica

Ya en el centro queda claro que los militantes de la Concertación no se habían quedado dormidos. Ocurre que la gran actividad proselitista estaba concentrada allí, donde ya se veían los preparativos para el acto de cierre.

La actuación de cantantes españoles en el mitin oficialista siguió siendo motivo de polémica. Tanto que éstos (
Víctor Manuel, Ana Belén, el más combativo Ismael Serrano y el propio Bosé) se refirieron al tema en una conferencia de prensa brindada el miércoles en el comando de Bachelet. «La basura que puede echar la derecha no tiene ninguna importancia. Hay gente que no viaja por el mundo para recaudar dinero», dijo Víctor Manuel, casi un candidato más que, obvio, habló de Chile como su segunda patria. Es que Piñera había asegurado que los artistas cobrarían por su presentación y que él, para su acto, los prefería nacionales. Y pagos, claro.

Ya caía la noche. Miguel Bosé dejaba de cantar y Bachelet se disponía a hablarles por última vez a los chilenos.

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