Smartphones y terrorismo: de la herramienta para matar al instrumento delator

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Del envío de mensajes de textos para activar bombas a los terminales ultrapotentes que caben en la palma de la mano, los teléfonos inteligentes han sido utilizados por terroristas de todo el mundo, que los volvieron más eficaces pero, también, más vulnerables.

A cada etapa de su evolución tecnológica, en los últimos años, los teléfonos inteligentes han abierto a los yihadistas posibilidades de acción, al tiempo que permitieron a los servicios antiterroristas detectar dónde se encontraban, espiarlos o, en caso de captura, hacer avanzar su investigación.

"El celular inteligente se inscribe en la continuidad de Internet, que ha revolucionado todo", explicó un exmiembro de los servicios antiterroristas franceses, que pidió el anonimato. "Desde 2003, en Irak, las bombas caseras se activan a distancia enviando un SMS. Esto fue declinado hasta el infinito por Al Qaeda".

La expedición mortífera de los yihadistas que cometieron la masacre del Bataclan, de Siria a París, no hubiera sido posible sin los teléfonos inteligentes. Gracias a estos, pudieron estar en contacto cuando emprendieron la ruta de los migrantes, consultar mapas, mensajes e instrucciones.

Justo antes de penetrar en la sala de conciertos y de cometer la matanza (90 muertos), enviaron un mensaje a Bélgica ("ya hemos salido, empezamos") desde un celular que fue encontrado en un tacho de basura próximo.

La difusión de las aplicaciones de mensajería encriptada, como Telegram, Wire o Whatsapp, por citar a las más conocidas, facilita a las organizaciones terroristas comunicarse esquivando la vigilancia policial o de los servicios secretos, o plantearles serias complicaciones a la hora de descifrar los mensajes intercambiados.

La prensa en línea del grupo yihadista Estado Islámico publica desde hace años, en varias lenguas, tutoriales en los que explican cómo elegir las mejores aplicaciones, destinados a yihadistas o aspirantes a serlo, en general residentes en países en guerra o en desarrollo, donde los celulares inteligentes están muy extendidos, a diferencia de las computadoras.

"Lo que no hay que olvidar nunca es que desde hace tiempo ya no son teléfonos, son computadoras", indicó Laurent Heslault, director en estrategias de seguridad del grupo de seguridad informática Symantec. "Son mucho más potentes de lo que teníamos en nuestras oficinas hace diez años", aseveró. "En potencia de cálculo, de almacenamiento y en capacidades de conectividad. Son herramientas muy comunicativas, es el extremo de lo que presentó Steve Jobs hace años". "Son fáciles de encontrar, de cambiar, de recargar en cualquier país o situación. A los grupos terroristas, les han aportado una movilidad muy práctica", agregó.

Pero hay otra cara de la moneda: el celular inteligente es, además de una herramienta multitarea, un temible delator. "La guerra de Francia en Malí en 2013 empezó con una intensa serie de bombardeos", recordó el veterano en la lucha antiterrorista. "Todos los teléfonos, GSM o satélites, que fueron detectados por los servicios secretos fueron golpeados".

En una investigación antiterrorista, como en cualquier otra, los teléfonos inteligentes "hablan" a menudo más que los humanos y permiten a los investigadores reconstituir redes y detectar las células durmientes. "El celular inteligente te expone", zanjó el veterano. "Así, los jefes yihadistas han aprendido a no acercarse a ellos. Desde hace varios años, se está volviendo a los mensajeros humanos".

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