Sorpresa y alarma en Brasil y la Argentina
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El desarrollo de una industria petrolera y gasífera fue posible en
Bolivia en los últimos diez años gracias a las inversiones extranjeras.
El cambio en el marco legal decidido por Evo Morales
amenaza ahora la explotación del principal negocio del país.
Según lo anunciado, porque todavía las petroleras no cuentan con el decreto, las medidas afectarán por igual a todas las empresas que tienen intereses en Bolivia. Las más perjudicadas serían Petrobras, con 47% de las reservas de gas en sus áreas y Empresa Boliviana de Refinación; Repsol YPF, con 23,5% de las reservas de gas y 45% de la producción y comercialización de gas licuado (GLP); y Totalfinaelf, con 15,9%. También están afectadas Pan American Energy, British Gas, Pluspetrol, ExxonMobil y Shell.
Los gobiernos de Brasil y la Argentina también se verán perjudicados -lo que explica la fuerte preocupación que se registró ayer en Buenos Aires y Brasilia- porque el mensaje de Morales es que el Estado boliviano definirá el precio y el volumen de las exportaciones de gas, lo que implicaría un aumento ya en el valor para el próximo invierno, estimándose que habrá novedades antes del próximo 15 sobre este punto.
Por otra parte, la reanimación del proyecto del Gasoducto del Nordeste que se produjo luego de la visita del ministro Julio De Vido a Bolivia el 21 de abril se habría cerrado antes de tomar alguna consistencia. Para que el ducto se concrete, en Bolivia las petroleras deberían desarrollar reservas de gas en un volumen tal que demandaría una inversión de u$s 3.000 millones. Ese desembolso ya entró en vía muerta cuando Bolivia dictó la nueva ley de hidrocarburos y ahora sería directamente imposible.
Las declaraciones de las autoridades bolivianas abren interrogantes sobre el alcance de las medidas anunciadas. En algunos casos, se da a entender que el Estado se quedará con 51% de las áreas, tomando 49% perteneciente a los fondos de pensión y 2% a las petroleras que hoy tienen 51%. Otros dicen que por el período de transición de 6 meses, 82% de los ingresos será para el Estado y 18% para las empresas, mientras por último, se afirma que esto sólo regirá para las áreas San Alberto (Repsol) y Sábalo (Petrobras) de las que se extrae 70% del gas en Bolivia.
«A priori no es una buena noticia», dijo escuetamente un vocero de Repsol YPF en Madrid, luego de conocerse la decisión de Morales. Desde el punto de vista de nuestro país, una consecuencia seria proviene del efecto que la medida podría generar sobre Repsol YPF.
No se sabe qué ocurrirá con la acción en lo sucesivo, y una caída significativa, si se dieran de baja los activos en Bolivia, podría derivar en una oferta hostil (OPA) sobre Repsol por parte de cualquier otra petrolera, lo que tendría indudable repercusión en nuestro país.
Bolivia nacionalizó los campos, los recursos que están bajo tierra, la producción que se extraiga, la refinación y la comercialización. A partir de ahora, las operadoras quedan obligadas a entregar en propiedad a YPFBolivia toda la producción. Además, la empresa estatal va a definir volumen y precio para el mercado interno y para la exportación.
En principio, expertos creen que las petroleras permanecerán en Bolivia mientras dure la transición, pero no hay seguridades y todo depende de cómo se vaya planteando el escenario en las próximas semanas.



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