30 de enero 2006 - 00:00

"Soy indigenista y de izquierda"

La Paz - Su apellido es quechua y significa «qué cabeza». Teniente coronel, de padre indígena y madre blanca, se levantó contra Alberto Fujimori en 2000, fue encarcelado y, tras una amnistía, se reincorporó al ejército. Las encuestas lo sitúan como uno de los candidatos favoritos gracias a su discurso indigenista y nacionalista.

Periodista:
¿Es un revolucionario, un golpista frustrado o un oportunista?

Ollanta Humala: Soy un revolucionario. Al encabezar el levantamiento militar del 29 de octubre de 2000, fui leal a mi país, al orden constitucional vulnerado por Fujimori, y defendí mi institución militar prostituida por un grupo de generales confabulados con Vladimiro Montesinos, que la usaban como plataforma política. Como soldado no puedo aceptar eso, porque soy un guardián de la República. Por eso me levanté, no para hacer un golpe de Estado.


P.:
Apoyó el cuartelazo de su hermano ( Antauro) contra el presidente Toledo, en el que murieron cuatro policías y dos reservistas. ¿Es usted peligroso?

O.H.: No soy un hombre peligroso. Soy un padre de familia que no confía en el neoliberalismo, ni en el presidente Toledo, ni en el ciudadano norteamericano Kuchinski (se refiere al ministro peruano de Economía). No quiero regalar cinco años de mi patria a estos sinvergüenzas. Por eso he construido un proyecto político indigenista, nacionalista, progresista y de izquierda, para vencerlos democráticamente. A mi hermano lo respeto, pero se equivocó.


P.:
¿Qué quiere para su país?

O.H.: Que rompa sus características de neocolonia y se convierta en un Estado libre y soberano, mediante un proyecto nacionalista. Tenemos recursos naturales, que son nuestra fuente de divisas -porque Perú no tiene industrias fuertes, sino una economía primaria exportadora-, pero esos recursos los administran las multinacionales. En muchos casos se niegan a pagar impuestos y regalías, y no hay transferencia tecnológica.
En Camisea, donde están la argentina Pluspetrol y Repsol, se hizo un contrato sobre las regalías, fijadas sobre un precio del año 2000. Entonces el millón de pies cúbicos de gas valía 1,25 dólar, y ahora está a 9 dólares, pero las regalías siguen congeladas al precio de 2000... Es incoherente. Para nosotros la energía es una actividad estratégica y damos la bienvenida a las inversiones, pero con nacionalización.

P.:
¿Expropiará las multinacionales?

O.H.: No. Con nacionalización me refiero a participar como propietario, con un porcentaje del accionariado, ya que los recursos son del Estado y no de las empresas. Eso no quiere decir estatalizar a 100%.


P.:
¿Garantizaría una salida al mar para Bolivia de ser presidente?

O.H.: Los bolivianos son nuestros hermanos. Y si Chile se niega a este reclamo histórico, nosotros les daremos todas las facilidades necesarias para que tengan siempre una salida al mar por Perú.


P.:
¿Por qué visitó Venezuela cuando Evo Moralesestuvo allí? ¿Asesora Chávez su campaña?

O.H.: No, Chávez no me asesora. Me he acercado no sólo a Venezuela, sino a Bolivia, como me estoy acercando a la Argentina, Uruguay, Brasil.


P.:
¿Le dará problemas a Estados Unidos?

O.H.: Yo soy antiimperialista venga de donde venga, pero Norteamérica es la economía más importante del mundo y sería absurdo ir a espaldas de eso. Tenemos asuntos comunes, como el de la coca, para el que hay que buscar una solución. Ellos tienen gran demanda de cocaína, y nosotros la producción de la hoja de coca. Cultivamos unas 60.000 hectáreas de hoja de coca. Para el consumo nacional bastan 10.000 o 15.000, es decir, hay que erradicar el resto. Pero las 200.000 familias que viven de su cultivo no se van a quedar en la calle... Necesitamos la participación de los países donde hay gran demanda de droga.

P.: Dicen que odia a Chile.

O.H.: No, no odio a Chile, ni soy antichileno. Eso se lo he dicho al mismo embajador de Chile en Perú porque estamos en campaña y mis adversarios tratan de estigmatizarme. Me han dicho fascista, antisemita, antichileno, que conmigo nos vamos a la guerra, etcétera. En el caso de Chile, con ellos tenemos que construir una relación de integración pero transparente, equitativa y de respeto mutuo. Lo que me fastidia a mí es la prepotencia... Tampoco soy antisemita. Hasta el punto de que he hablado con el presidente de la comunidad judía de Perú y le dije: quiero que me conozcas. Y ahora este señor está en mi lista parlamentaria. Me dicen que soy fascista y yo no defiendo al gran capital, sino al pequeño, al microempresario.

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