13 de agosto 2021 - 00:00

EE.UU. y Reino Unido aceleran su retirada de Afganistán ante el implacable avance talibán

Washington y Londres anunciaron que desplegarán 3.000 y 600 soldados, respectivamente, para evacuar al personal diplomático. La Casa Blanca había anticipado el miércoles que cree que Kabul caerá próximamente en manos de la insurgencia.

AVANCE. Un grupo de jóvenes talibanes recorre uno de los pueblos recientemente conquistados. 
AVANCE. Un grupo de jóvenes talibanes recorre uno de los pueblos recientemente conquistados. 

Kabul - Los talibanes tomaron ayer la segunda y la tercera ciudad en importancia de Afganistán, Kandahar y Herat, continuando su fulgurante ofensiva ante la que Estados Unidos anunció el despliegue de 3.000 soldados para evacuar a su personal diplomático.

Después de semanas de asedio, las desmoralizadas tropas afganas cedieron ambas urbanizaciones a los insurgentes, que en apenas una semana se han hecho con un tercio de las 34 capitales provinciales del país. Horas antes habían perdido Ghazni, la capital provincial más cercana a Kabul tomada hasta ahora y enlace entre la capital y Kandahar. En la última semana, el gobierno ha perdido casi todo el norte, el sur y el este de Afganistán, manteniendo el control de la capital y un puñado de ciudades, muchas de ellas en riesgo.

Señal del descalabro, Estados Unidos y Reino Unido anunciaron el despliegue de soldados para evacuar rápidamente su personal diplomático en la capital.

El Pentágono indicó que 3.000 soldados serán desplegados en Kabul en las próximas 24-48 horas, insistiendo en que no atacarán a los talibanes, mientras que el gobierno británico anunció el envío temporal de 600 soldados. “Vamos a reducir nuestra presencia civil en Kabul ante la evolución de la situación de seguridad”, dijo el portavoz de la diplomacia estadounidense Ned Price. EE.UU. reconoció el miércoles que proyecta que Kabul caerá en manos talibanes en un plazo de entre 30 y 90 días.

Gran ciudad del oeste de Afganistán, cerca de la frontera con Irán, Herat cayó bajo control de los talibanes. Un portavoz insurgente aseguró que “los soldados entregaron sus armas y se unieron a los muyahidines” y que “decenas de vehículos militares, armas y municiones” cayeron en sus manos.

Los talibanes “izaron sus banderas por toda la ciudad”, dijo Masoom Jan, un residente. “Realmente tenemos miedo, nos tomó por sorpresa, no hemos podido siquiera dejar la ciudad”, añadió.

El gobierno propuso a “los talibanes un reparto de poder a cambio del fin de la violencia”, dijo uno de sus negociadores en Doha, donde prosiguen las conversaciones de paz entre gobierno e insurgentes, iniciadas en septiembre de 2020.

El presidente afgano, Ashraf Ghani, rechazó hasta ahora la idea de un gobierno que incluya a los talibanes. Y en este momento, los insurgentes, que antes contemplaban con agrado la idea, podrían rechazarla ya que su ofensiva ha avanzado a un ritmo vertiginoso en estos días.

En apenas una semana, tomaron el control de 12 de las 34 capitales provinciales afganas y tienen rodeada la mayor ciudad del norte, Mazar-i-Sharif.

Con la toma de Ghazni, los insurgentes pueden cortar las líneas de abastecimiento terrestres del ejército entre Kabul y Kandahar y aumentar la presión sobre la fuerza aérea afgana, obligada a transportar material y refuerzos por aire.

Desde mayo, cuando comenzó la retirada final de las tropas extranjeras, los talibanes lanzaron una rápida ofensiva contra las fuerzas gubernamentales, que apenas plantaron resistencia.

Los enfrentamientos tienen un coste terrible en la población civil. En un mes, al menos 183 civiles, entre ellos niños, murieron en Lashkar Gah, Kandahar, Herat (oeste) y Kunduz, y cerca de 360.000 personas huyeron de sus hogares desde principios de 2021, según la ONU.

Numerosos civiles han llegado en los últimos días a Kabul, donde, aún traumatizados por las atrocidades cometidas por los talibanes, intentan sobrevivir en campos de refugiados.

Las tropas internacionales completarán su salida de Afganistán a finales de este mes, veinte años después del inicio de su intervención para expulsar a los talibanes del poder, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Los responsables norteamericanos no ocultaron en los últimos días su frustración ante la debilidad que muestra el ejército afgano, que Estados Unidos forma, financia y equipa desde hace años.

Por su parte, la UE amenazó a los talibanes con un “aislamiento” internacional si toman el poder “por la fuerza” y les pidió el cese “inmediato” de la violencia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar