Terrorismo esta vez golpeó a Londres. Acusan a Al-Qaeda
Era el golpe con que más amenazaba Al-Qaeda. Evitado decenas de veces antes por los eficaces servicios secretos británicos, el operativo terrorista de ayer, un día después de la proclamación de Londres como sede de los Juegos Olímpicos de 2012, transcurrió sin impedimentos. Acaso porque las fuerzas de seguridad locales estaban demasiado concentradas en garantizar la seguridad de los jefes de Estado y gobierno del Grupo de los Ocho en Escocia, los extremistas lograron con facilidad plantar bombas en tres de las estaciones de subterráneo más concurridas del centro de la ciudad y volar un colectivo de dos pisos, en plena hora pico. Las autoridades cercaron de inmediato las zonas afectadas e impusieron un férreo control sobre la información. Así, anoche se hablaba oficialmente de 38 muertos y 700 heridos, pero el gobierno de Francia elevaba la cifra a 50 muertos, y se temía un saldo aún peor. El grupo de Osama bin Laden se adjudicó los atentados. En la Argentina hubo consternación y aumento de medidas de seguridad. El silencio presidencial, al delegar Néstor Kirchner las condolencias en sus ministros, sólo se compensó en el acto de lanzamiento de Cristina de Kirchner a senadora en La Plata, donde se pidió un minuto de silencio por las víctimas.
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Un ómnibus de dos pisos resultó totalmente destruido por la explosión de una bomba. El horror de los otros atentados se originó
bajo tierra, en tres de las estaciones de subterráneo más concurridas de Londres y a la hora de mayor flujo de gente.
La red Al-Qaeda reivindicó los ataques en un comunicado publicado en Internet, aunque no se confirmó su autenticidad (ver aparte). Por otra parte, el canciller británico, Jack Straw, dijo que los atentados «tienen todas las marcas de ser de Al-Qaeda, como los que cometió este grupo en el pasado».
Según especialistas, los terroristas que organizaron los atentados contra el corazón de Londres aprovecharon el debilitamiento del dispositivo policial en la capital, que se había trasladado a Escocia para blindar la cumbre del Grupo de los Ocho en Gleneagles.
Londres quedó convertida así en una verdadera zona de guerra, con fuerzas policiales apostadas en sectores clave de la ciudad, como el Palacio de Buckingham y el Parlamento en Westminster, hospitales desbordados y calles sin tráfico, pero con miles de personas que debieron transportarse a pie. En estado de alerta apenas cinco minutos después del anuncio de las explosiones, los hospitales, centros de socorro y clínicas londinenses vieron rápidamente llegar cientos de víctimas, muchas en camillas: personas mutiladas por las bombas, víctimas de lesiones profundas, quemaduras, la mayoría en estado de shock, incapaces de hablar.
El primer ministro británico, Tony Blair, dijo en referencia a los autores de los atentados que «sabemos que ellos actúan en nombre del Islam» y prometió «la acción más intensa» para llevar a los culpables ante la Justicia.
«También sabemos que la inmensa mayoría de los musulmanes aquí y en el extranjero son gente de bien, respetuosos de la ley, que aborrecen tanto como nosotros a los que cometen estos actos», declaró Blair con un tono muy grave desde Downing Street, la sede del gobierno británico.
Las autoridades británicas temían desde hace tiempo que Londres fuera golpeada por el terrorismo islamista, después de Nueva York (2001) y Madrid (2004), y multiplicaban las advertencias para preparar a la población.
Desde 2002, Blair afirmaba que la amenaza de un ataque de Al-Qaeda en la capital británica era «real y grave». Las advertencias se intensificaron tras la participación británica en la guerra de Irak.
Los conmocionantes ataques suscitaron inmediatas reacciones de repudio y llamamientos a la unidad internacional.
«La guerra contra el terrorismo continúa», declaró el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
En tanto, el Papa Benedicto XVI condenó estos hechos, que calificó de «actos inhumanos», y dijo estar «cerca de las víctimas».
Los atentados en Londres son «un ataque contra la humanidad», dijo a la prensa en Nueva York el secretario general de la ONU, Kofi Annan. El Consejo de Seguridad emitió un comunicado en repudio de los ataques.
El presidente francés, Jacques Chirac, pidió «firmeza y más solidaridad» ante la amenaza, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, hizo un llamamiento a la «unión de todos los países civilizados» en esta lucha.
«Estamos de acuerdo en que la comunidad internacional tiene que hacer todo lo posible para combatir unida el terrorismo con todos los medios que estén a su alcance», respondió el canciller alemán Gerhard Schröder, expresando su «horror y repulsión».
«Nosotros, los españoles, conocemos bien los sufrimientos que el pueblo británico vive hoy», declaró José Luis Rodríguez Zapatero.
Los atentados de ayer son los más letales cometidos en suelo británico, sin contar la explosión en pleno vuelo en un avión Boeing de la aerolínea PanAm, que dejó 270 muertos en Lockerbie, Escocia, en 1988.
La mayor parte de los ataques terroristas perpetrados en Gran Bretaña desde los años '70 se inscribieron en el marco del conflicto de Irlanda del Norte y casi todos ellos fueron obra del Ejército Republicano Irlandés (IRA). Incluso los referentes políticos de esta organización repudiaron los ataques.




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