2 de junio 2005 - 00:00

Tres trabajosos años que parecen en vano

Bruselas - Más allá del debate sobre el futuro de la UE, los líderes europeos tienen una razón práctica para lamentar la actual crisis que vive el bloque, ya que sus votantes amenazan con tirar por la borda los tres años de trabajo, negociaciones y cumbres que se requirieron para llegar a una Constitución consensuada entre 25 miembros. Si bien pocos pueden predecir con certeza lo que sucederá en los próximos días, existe el riesgo real de que las cerca de 500 páginas que componen el tratado constitucional europeo, destinado a preparar al bloque para su «gran expansión» al Este, sean enterradas en forma anticipada y sin ceremonia alguna.

«El tratado puede no estar muerto, pero está gravemente, y quizá mortalmente, herido», afirmó John Palmer, del European Policy Centre, al referirse a la crisis desatada por los rechazos de Francia y Holanda a la Constitución Europea
.

• Acuerdo limitado

La idea de un tratado constitucional había sido lanzada inmediatamente después de la cumbre europea de diciembre de 2000 en Niza, donde se había alcanzado un complicado y limitado acuerdo para el funcionamiento de la UE ampliada a 25 miembros. Un año después, en la cumbre de Laeken (Bélgica), los líderes europeos anunciaron la conformación de una «Convención para el futuro de Europa», una idea sin precedentes para delinear la nueva arquitectura política del bloque.

La convención estuvo encabezada por el ex presidente francés Valery Giscard d'Estaing y contó con la participación de unos 200 delegados de los 25 estados integrantes, así como también de Rumania, Bulgaria y Turquía, que esperan ingresar a la UE.

Las negociaciones se lanzaron formalmente en febrero de 2002 y se extendieron en forma casi ininterrumpida durante los siguientes 16 meses, analizando desde la Carta de Derechos Fundamentales hasta el sistema de presidencias rotativas de la UE.

Finalmente, Giscard d'Estaing anunció la conclusión de los trabajos el 13 de junio de 2003, lo que fue celebrado con champagne y el himno «Oda a la alegría» en el Europarlamento.

• Reservas

Pero, casi de inmediato, los cancilleres de España y Polonia, Ana Palacio y Danuta Hubner, respectivamente, manifestaron sus «reservas fundamentales» contra el nuevo sistema de votación propuesto.

En realidad, ambos países se negaban a entregar los generosos poderes que habían obtenido en Niza y que los ponían a la misma altura de Francia, Alemania, Italia o el Reino Unido.

Esta cuestión bloqueó un acuerdo en la cumbre de diciembre de 2003, dejando a la Unión Europea sin tratado constitucional ante la expansión a diez nuevos miembros el 1 de mayo de 2004.

Fue la paciencia y habilidad diplomática del primer ministro irlandés,
Bertie Ahern (cuyo país ejerció la presidencia europea en el primer semestre de 2004), así como la llegada al poder en España de los socialistas, lo que permitió encontrar un compromiso sellado en la cumbre del 17 de junio. La Constitución fue firmada en octubre del año pasado en Roma y los líderes europeos celebraron el triunfo a lo grande.

• Camino duro

Sin embargo, muchos ya sabían que la firma del tratado sólo era la mitad de un duro camino que preveía un proceso de ratificación de cada miembro, en muchos casos a través de complicados referendos, como los de Francia y Holanda.

En dos semanas, los líderes europeos se reunirán otra vez en Bruselas para ver qué pueden salvar de su querido, pero cada vez más cuestionado, histórico pacto.

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