Tres trabajosos años que parecen en vano
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«El tratado puede no estar muerto, pero está gravemente, y quizá mortalmente, herido», afirmó John Palmer, del European Policy Centre, al referirse a la crisis desatada por los rechazos de Francia y Holanda a la Constitución Europea.
• Reservas
Pero, casi de inmediato, los cancilleres de España y Polonia, Ana Palacio y Danuta Hubner, respectivamente, manifestaron sus «reservas fundamentales» contra el nuevo sistema de votación propuesto.
En realidad, ambos países se negaban a entregar los generosos poderes que habían obtenido en Niza y que los ponían a la misma altura de Francia, Alemania, Italia o el Reino Unido.
Esta cuestión bloqueó un acuerdo en la cumbre de diciembre de 2003, dejando a la Unión Europea sin tratado constitucional ante la expansión a diez nuevos miembros el 1 de mayo de 2004.
Fue la paciencia y habilidad diplomática del primer ministro irlandés, Bertie Ahern (cuyo país ejerció la presidencia europea en el primer semestre de 2004), así como la llegada al poder en España de los socialistas, lo que permitió encontrar un compromiso sellado en la cumbre del 17 de junio. La Constitución fue firmada en octubre del año pasado en Roma y los líderes europeos celebraron el triunfo a lo grande.
• Camino duro
Sin embargo, muchos ya sabían que la firma del tratado sólo era la mitad de un duro camino que preveía un proceso de ratificación de cada miembro, en muchos casos a través de complicados referendos, como los de Francia y Holanda.
En dos semanas, los líderes europeos se reunirán otra vez en Bruselas para ver qué pueden salvar de su querido, pero cada vez más cuestionado, histórico pacto.




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