Un férreo ministro de Defensa que apostó a ser el presidente de la paz
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El resultado de la consulta, que imposibilita que unos 7.000 combatientes de las FARC entreguen las armas y conformen un partido político, obligó a Santos a iniciar la búsqueda de consensos con el líder de la oposición, Álvaro Uribe, para tratar de salvar el acuerdo de paz.
El ex mandatario pide que los jefes de las FARC paguen con cárcel por sus crímenes, que incluyen asesinatos y secuestros, y se opone a que ocupen cargos políticos de elección popular.
Pero sus demandas parecen exageradas para ser aceptadas por las FARC, que habían negociado penas privativas de la libertad de hasta ocho años pero no cárcel, además de 10 escaños en el Congreso a partir del 2018 durante dos periodos legislativos.
"No me rendiré. Seguiré buscando la paz hasta el último minuto de mi mandato porque ese es el camino para dejarles un mejor país a nuestros hijos", dijo el mandatario, un economista de 65 años, después de la derrota del "Sí" en el plebiscito.
El premio Nobel de la Paz que le fue otorgado pese al traspié en la búsqueda para lograr silenciar los fusiles en el país de 49 millones de habitantes, podría darle oxígeno al mandatario y a la posibilidad de revivir el acuerdo de paz con la insurgencia.
LA OTRA CARA
Pero no siempre fue tan conciliador. Como ministro de Defensa de Uribe del 2006 al 2009, y después como mandatario, Santos fue responsable de duros golpes militares en los que murieron varios comandantes de las FARC.
Aunque llegó a la presidencia en el 2010 como heredero político de Uribe, Santos se distanció de las políticas contra la guerrilla del exmandatario, a quien acusó de querer manejar a todo el mundo como un "títere".
El indignado Uribe apoyó en el 2014 la candidatura de Oscar Iván Zuluaga y se oponía a que Santos continuara en el poder.
Uribe acusó que el reelegido presidente es un oportunista que hizo demasiadas concesiones a las FARC para lograr el acuerdo de paz. Otros colombianos creen que Santos es "un niño rico", que hizo todo el esfuerzo por acabar con el conflicto.
Santos nació en el seno de una de las familias más poderosas de Colombia y fue educado como economista en Inglaterra y Estados Unidos, aprendiendo las bases del libre mercado.
Sus compañeros de la Universidad de Kansas lo recuerdan con su melena rizada y gruesas patillas, y como un hombre tan hábil con las cartas que el poco dinero que apostaban sus rivales se lo ganaba para invertirlo en negocios.
Fue en esa época que probó la marihuana. Años después tuvo que combatir con mano dura al narcotráfico en su país, pero a pesar de sus posturas de centroderecha, Santos es partidario de despenalizar el consumo de droga.
Antes de iniciar su carrera política, fue subeditor del influyente diario El Tiempo, propiedad en esa época de su familia. Durante esos años conoció a la madre de sus tres hijos, María Clemencia Rodríguez, con la que se casó en segundas nupcias.
Su familia lo ayuda a satisfacer su obsesión por el cuidado de su imagen personal. "Si me sale un pelito en la nariz o en la oreja, mi mujer está pendiente. Las uñas me las hago yo, o a veces mi hija me ayuda", admitió Santos en una ocasión.
Pero sus colaboradores aseguran que su estilo de trabajo es bastante relajado y que sabe delegar, aunque exige resultados.
Durante su primer periodo impulsó reformas fiscales, de las que probablemente tomó conciencia de su necesidad cuando era ministro de Hacienda del conservador Andrés Pastrana.
También propuso leyes para devolver tierras a los campesinos desplazados por la violencia e indemnizar a víctimas del conflicto, en un país donde aún la pobreza y la brecha con los ricos son notorias.
Santos arranca su día a las cinco de la mañana leyendo The Economist y después ejercita media hora en la bicicleta fija mientras escucha las noticias en la radio.


